Empieza el primer ensayo clínico con células madre inducidas

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Las células madre pluripotentes inducidas (iPS) despertaron grandes esperanzas desde que las consiguió el científico japonés Shinya Yamanaka en 2007. Tan versátiles como las embrionarias, estas células se obtienen sin embargo a partir de las somáticas, y por tanto son genéticamente idénticas a las del paciente, de suerte que no provocan rechazo. Pero aunque desde entonces se han sucedido numerosos experimentos de laboratorio, hasta ahora no hay en realidad ningún paciente tratado con ellas. Por eso, el comienzo del primer ensayo clínico es la noticia más importante desde el descubrimiento.

El estudio, a cargo del Instituto Riken y otras instituciones japonesas, comprobará la utilidad de las células iPS para regenerar la retina en casos de degeneración macular, que causa pérdida de visión en personas mayores. Se obtendrán células iPS a partir de células de piel de los pacientes, se las cultivará in vitro para transformarlas en tejido de retina dispuesto en microcapas que se implantará en los ojos enfermos.

El ensayo fue aprobado en julio por el Ministerio de Sanidad japonés, y ahora se procede a la selección de las personas que recibirán el tratamiento. Se espera que los implantes puedan comenzar a hacerse dentro de un año. Se trata de ver no solo si esta terapia alivia la degeneración macular, sino sobre todo si es segura o, por el contrario, produce teratomas por proliferación anómala de las células reprogramadas.

En el ensayo, pacientes con pérdida de visión por degeneración macular serán tratadas con células iPS

Otros progresos recientes con células iPS son de investigación fundamental. Un laboratorio israelí ha logrado aumentar enormemente el rendimiento de la reprogramación. Con el método ideado por Yamanaka, que consiste en insertar cuatro genes en células diferenciadas, menos del 1% se vuelven células madre. Los científicos del Instituto Weizmann ha descubierto que desactivando otro gen se alcanza una eficacia cercana al 100%. En la práctica, este avance no es tan decisivo como parece porque en el futuro uso terapéutico de las células iPS no hace falta tener muchas para empezar: bastan algunas para obtener una línea celular por paciente, que es todo lo que se necesita.

Poco antes, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) de España publicó que había conseguido reprogramar células in vivo. Introdujeron en ratones un gen sintético que, al reaccionar con el antibiótico tetraciclina, activa los cuatro genes hallados por Yamanaka. Pero en vez de extraer células de los animales trasgénicos para reprogramarlas in vitro aplicando tetraciclina, administraron el antibiótico a los ratones, y las células madre se formaron en distintos tejidos de sus organismos. Esas células resultaron ser más potentes aún que las iPS ordinarias, pero incontrolables: produjeron teratomas mortales.

Así pues, la utilidad terapéutica por ahora es nula y no se sabe si podrá haberla. Más posibilidades tienen otras investigaciones anteriores de reprogramación in vivo limitados a tejidos determinados, como la que hace cinco años logró transformar células pancreáticas que producen jugo para la digestión en células beta productoras de insulina.

El interés del experimento del CNIO está más bien en el método de obtener células iPS y en lo que puede revelar sobre la diferente sensibilidad a la reprogramación en distintos tipos celulares, pues la formación de teratomas no fue aleatoria, sino concentrada en los órganos abdominales y en el tejido adiposo.


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