El Observatorio

El tabú de la crítica moral al suicidio

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En un artículo publicado en Spiked, su director, Brendan O’Neill, señala la incapacidad de la sociedad moderna para adoptar una postura moral clara sobre el suicidio, como se ha visto en las reacciones ante la reciente muerte del actor Robin Williams. Antes el suicidio se consideraba un acto nihilista, una manifestación de egoísmo, que dañaba no solo al interesado, sino también a su familia, a sus amigos y a la comunidad. Antes el suicidio se calificaba como algo patológico; en cambio, ahora lo que se considera patológico es criticarlo.

Si antes era tabú hablar del suicidio, ahora el tabú es criticarlo, lo cual “revela la incapacidad de la sociedad para afirmar el valor de la vida, el valor de la lucha por la existencia, lo cual puede tener el indeseado efecto de convertir el suicidio en algo normal, posiblemente incluso positivo”.

Es cierto, reconoce O’Neill, “que generalmente la sociedad todavía piensa que el suicidio es un hecho triste, e intenta enfrentarse a él”. Pero lo hace de un modo meramente técnico, igual que se intenta reducir los accidentes de tráfico. “Sin embargo, el suicidio despierta muchas más cuestiones morales que un accidente, cuestiones sobre las relaciones entre el individuo y la comunidad, sobre la cohesión de la sociedad, sobre el valor de la vida. Tratar de reducir el suicidio a base de estrategias técnicas al mismo tiempo que se reprueba cualquier crítica moral del suicidio es profundamente derrotista, porque sin una postura moral sobre el suicidio es imposible comprender verdaderamente este acto, y menos aún advertir que está mal y es destructivo”.

Peor aún, añade O’Neill, es que la sociedad trate el suicidio como una legítima opción. “Esta postura ha recibido respaldo social y gubernamental en los últimos años mediante la legalización del suicido asistido o el ‘derecho a morir’ en algunos países occidentales”.

Presentar el suicidio como algo que está más allá de cualquier crítica moral, solo puede contribuir a normalizarlo. Pero no es solo otra forma de conducta, sino algo que indica “una profunda ruptura entre el individuo y la comunidad”. En palabras de Chesterton, “el hombre que mata a un hombre, mata a un hombre; el hombre que se mata a sí mismo, mata a todos los hombres, porque en lo que de él depende elimina a todo el mundo”. O’Neill se declara dispuesto a comprender “por qué algunas personas se quitan la vida y entender a los que han sufrido profundos problemas”. Pero, a la vez, desea afirmar que el suicidio es una equivocación, algo inmoral y una traición a los valores humanos.


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