El puente de Clay

Bridge of Clay

Página 1

Autor: Markus Zusak

Lumen.  
Barcelona (2018).  
640 págs.  
21,90 € (papel) / 9,49 € (digital).  
Traducción: Laura Manero Jiménez y Laura Martín de Dios. 

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El puente de Clay es una historia dramática y conmovedora en la que los gestos más pequeños o simples, a veces bruscos y salvajes, entre hermanos que bullen en plena adolescencia, pueden ser más elocuentes que las palabras.

Matthew, el mayor de los cinco hermanos Dunbar, el día siguiente a su boda se sube en su vieja ranchera y decide conducir durante horas hasta llegar al pueblo donde quizá empezó todo. Allí, en el jardín de una vieja casa, está enterrada la máquina de escribir que usaba su abuela paterna. Así se lo ha contado su hermano Clay, el cuarto de los chicos Dunbar. Y efectivamente, allí estaba, junto a los huesos de un perro y de una serpiente. Y Matthew, el más duro y el más responsable de todos, pero también el que es capaz de albergar a su manera más ternura, se dispone a contar la historia de su familia aporreando las teclas de “la vieja y fiel ME”. O, más bien, la historia de Clay, quien con sus silencios, su amor escondido y su fidelidad hacia los suyos, sus secretos bien guardados y su fuerza de voluntad, logra tender un puente entre los extremos deslavazados de su familia, cuando su querida madre fallece y su padre, anímicamente perdido, decide abandonarlos a su suerte.

El australiano Markus Zusak, que se dio a conocer con La ladrona de libros, novela más tarde llevada al cine, escribe esta vez una historia de jóvenes que es también para adultos. Capta perfectamente el lenguaje gestual de unos adolescentes llenos de energía, sobrevivientes de una situación dramática que, sin saber cómo expresarlo, buscan con sus manifestaciones groseras y violentas encauzar un amor arrebatado e insustituible junto a los restos naufragados de los de su propia sangre.

Con un modo de narrar poco común, ágil, no lineal, a veces caótico, Zusak consigue captar la atención del lector desde el principio, instándole a esperar algo más. Las referencias al arte y a la cultura clásica aplacan de una manera poética lo que podría haber sido una simple historia de inconsciencia y brutalidad propia de adolescentes. Sin embargo, el autor ha sabido mostrar la psicología de cada personaje con sus claroscuros, su sentido del humor y su ternura, haciendo a todos reales, cercanos y con vida propia. Con ellos, Zusak deja ver que la amistad y la familia es lo que cualquier persona atesora como lo más valioso de su vida. 


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