El porvenir de las minorías cristianas en Tierra Santa

El dominico francés Claude Geffré, ex director de la Escuela Bíblica de Jerusalén, habla en declaraciones a Le Monde (25 enero 2000) de la presencia cristiana en Tierra Santa.

- ¿Qué porvenir y qué estatuto cabe imaginar para Jerusalén?

- Excluyo la idea ingenua de que Jerusalén sea a la vez la capital del Estado de Israel y de un futuro Estado palestino. Descarto igualmente la idea de una ciudad cortada en dos, con un sector israelí y un sector palestino, separados por alambradas. Excluyo también esa especie de capital palestina fantasma en los suburbios de Jerusalén, de la que se ha hablado durante las conversaciones de paz.

Jerusalén es dos poblaciones y tres religiones. La ciudad está ya dividida étnica, religiosa y culturalmente. No es posible evitar un compromiso que suponga compartir la soberanía. ¿Por qué no imaginar una soberanía palestina municipal sobre la parte árabe, integrada en una soberanía israelí sobre el conjunto de la ciudad? (...)

- ¿Cómo ve el porvenir de las minorías cristianas de Tierra Santa?

- El islamismo ha progresado en los últimos veinte años. Asistimos a una rivalidad mimética entre dos extremismos: judío y musulmán. Hamas tiene enlaces en las mezquitas, en las escuelas, en las organizaciones caritativas, y allí se desarrolla la agresividad contra los israelíes, pero también contra los cristianos. Por ejemplo, una agresividad de los jóvenes musulmanes contra las jóvenes cristianas, a las que consideran tan emancipadas como las jóvenes israelíes.

Ya sean árabes, con raíces tan antiguas en el país como los musulmanes, ya sean ortodoxos o de rito latino, los cristianos son considerados como rehenes de un Occidente rico, materialista y permisivo. El cristianismo es visto como una cabeza de puente de Occidente en el mundo musulmán. Es acusado de haber sido incapaz de evitar la decadencia de Occidente, mientras que el islam demostraría que el hombre puede servirse de las tecnologías modernas y, al mismo tiempo, ser fiel a los valores más tradicionales, religiosos y familiares.

Desde hace tiempo el porvenir de las Iglesias cristianas suscita inquietud. El día en que haya una autonomía y un Estado palestino, incluso bajo vigilancia, las minorías cristianas corren el riesgo de sufrir discriminaciones. ¿Pero el mundo musulmán puede ignorar la mediación y la solidaridad que los cristianos ponen en práctica? ¿Puede olvidar la influencia considerable, subestimada a veces en Occidente, de las instituciones cristianas? Más de la mitad de los niños inscritos en las escuelas cristinas en Palestina son niños musulmanes. La presencia cristiana es un factor de convivencia, de educación, de equilibrio, de reconocimiento del otro, incluso de coexistencia con los judíos. ¿Qué pasaría si eso faltara?.


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