El perdón

Una investigación filosófica

Página 1

Autor: Mariano Crespo

Encuentro.
Madrid (2016).
168 págs.
15 €.

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Es un acierto que el autor haya actualizado la primera edición del libro, que es a su vez traducción del que por vez primera escribió en alemán en 2002. Un fenómeno tan significativo en la vida moral como es el perdón no podía sustraerse al análisis de su esencia, como lo muestran los abundantes estudios contemporáneos, procedentes en su mayor parte del área fenomenológica continental y americana.

El autor recurre a libres variaciones sobre distintos ejemplos reales y posibles con miras a obtener el núcleo invariante o esencial que identifica al fenómeno del perdón. No es un análisis de juegos de lenguaje (pese a tener con él algunas afinidades), sino que está vuelto a la cosa misma, tal como es entregada a los actos correspondientes de conciencia. Así queda delimitado el fenómeno frente a otros colindantes (como la disculpa, la condonación, la respuesta afectiva a un valor, la absolución o el indultar) y se aíslan los rasgos constitutivos del perdón. El objeto del acto de perdonar es “un mal objetivo para mí intencionalmente infligido”. El influjo más destacado proviene de Dietrich von Hildebrand, pero también están presentes en un segundo plano Max Scheler, Adolf Reinach, Aurel Kolnai o Vladimir Jankélévitch, entre otros.

Crespo aborda cuestiones de gran interés, como el tipo de cooperación requerida en el destinatario para el cumplimiento íntegro del perdón, o la de si se puede perdonar vicariamente, en nombre de otro. Pero aquella que sobresale entre las condiciones de realización del perdón es la distinción entre la persona del ofensor y las acciones suyas que suscitan repulsa: “Perdonar a alguien es ver ‘con nuevos ojos’ la indestructible plenitud de valor que reside en cada persona. Ciertamente, reconocemos el disvalor moral de su acción... pero no lo identificamos con su acción injusta de modo tal que un rechazo de esta llevara necesariamente a un rechazo de este”.

No menor importancia tiene –para comprender el perdón– distinguir entre el mal ocasionado mediante una acción intencionada y el mal que reside en la propia acción. Es patente que la cancelación de uno de ellos no trae consigo automáticamente la supresión del otro. Hasta pudiera ser que ambos divergieran en su efectividad, por no depender solo de la voluntad los efectos perniciosos que se pretenden, como puso de manifiesto Tomás de Aquino al tratar las diferentes formas de ignorancia que afectan a la voluntariedad de la acción. Mariano Crespo se detiene en ellas efectuando un enjundioso comentario de las palabras de Cristo en la Cruz: “¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!”. 


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