El oprobio del hambre

The Reproach of Hunger

Página 1

Autor: David Rieff

Taurus.
Madrid (2016).
430 págs.
23,90 € (papel) / 12,99 € (digital).
Traducción: Aurelio Major y Lucas Aznar.

¿Comerán? ¿Comeremos? La capacidad de la Tierra para alimentar a una población creciente suscita siempre inquietud. Hoy día se considera que el problema no es de escasez (la producción alimentaria crece por encima de la población), sino de capacidad de compra de los pobres. La visión optimista sostiene que ahora tenemos la tecnología y los medios para acabar con el hambre. La visión pesimista, hacia la que se inclina David Rieff, es que no hay una solución duradera mientras no cambie el sistema alimentario mundial, demasiado dependiente del lucro y de los mercados internacionales de materias primas.

El punto de partida de Rieff –analista político, periodista, estudioso de asuntos de ayuda humanitaria– es que la “nueva normalidad” será el aumento de los precios de productos agrícolas básicos, invirtiéndose así la tendencia del último cuarto del siglo XX, que era a la progresiva disminución. Y aquí radica también el primer punto débil del libro. Para avalar la tendencia al aumento, que a Rieff le parece “ya casi irrefutable”, señala las subidas de precios que se produjeron en 2007 y que repuntaron en 2011. Sin embargo, los últimos datos, sobre todo a raíz de la caída del precio del petróleo, indican una bajada. Según el índice de precios de los alimentos de la FAO, el índice pasó de 201 en 2008 a 150 en febrero de 2016.

Así que no es tan irrefutable la idea de Rieff de que “si el precio de los alimentos básicos en el mercado mundial sigue aumentando, la capacidad de los pobres para pagar los alimentos que necesitan para alimentarse adecuadamente será cada vez más exigua”. Por otra parte, las reservas alimentarias, que habían disminuido, también han vuelto a aumentar.

El análisis de Rieff refleja el choque entre lo que llama el establishment alimentario predominante y los activistas partidarios de sustituir el sistema. Según los primeros, una más estrecha colaboración entre gobiernos, agencias de la ONU y ONG con las corporaciones multinacionales, entre ellas empresas de fertilizantes y semillas como Monsanto, podría garantizar la seguridad alimentaria mundial. Para los activistas, no hay garantía de acabar con el hambre si no se sustituye el sistema que consagra el dominio de la agroindustria multinacional, la especulación desenfrenada en los precios en los mercados de materias primas y el olvido de los campesinos.

Rieff siembra continuamente sospechas sobre el enfoque “tecnocrático” de los primeros, dirigiendo especialmente sus dardos contra la Fundación Gates y el economista Jeffrey Sachs, paladines del optimismo. La confianza en que la tecnología y los transgénicos vayan a ser la solución es puesta en entredicho por Rieff. A su juicio, el problema alimentario mundial debe ser abordado en términos políticos más que técnicos, como un planteamiento de justicia social y de las obligaciones del Estado con sus ciudadanos. En definitiva, hay que ver si las soluciones propuestas van a suponer un futuro más próspero para los campesinos minifundistas del sur.

El libro menciona abundante documentación, dentro de un análisis un tanto reiterativo, que tiende a abonar una visión escéptica sobre las políticas actuales para acabar con el hambre.


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