El tratamiento legal de la prostitución

El oficio menos libre del mundo

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La resolución de Amnistía Internacional de “proteger los derechos humanos de los trabajadores del sexo” ha provocado la crítica de otras organizaciones que mantienen que la prostitución no puede considerarse como un oficio más, pues menoscaba la dignidad humana.

Amnistía Internacional (AI) tiene previsto profundizar en los aspectos relativos a una polémica resolución adoptada el pasado agosto, durante una sesión celebrada en Dublín. Se trata de plantear acciones relativas a “proteger los derechos humanos de los trabajadores del sexo”, aduciendo que son uno de los colectivos “más marginados en el mundo, enfrentados a constantes riesgos de discriminación, abuso y violencia”, según palabras de Salil Shetty, Secretario General de la organización. Si bien AI no postula de manera abierta que sea considerada como actividad legal la prostitución –la entidad evita esta palabra, y emplea en su lugar la expresión “sex work”–, sí que ha aprobado en la capital irlandesa solicitar a los gobiernos su completa “despenalización”.

El texto aprobado por AI asume que la prostitución se ejerce como una actividad libre

¿Actividad libre?

Esta equidistancia, así como la aparente asepsia de la terminología, han provocado la oposición de ciertos grupos, sobre todo feministas. Conocidas actrices como Meryl Streep, Kate Winslet o Emma Thompson se unieron para protestar contra la intención de AI de tomar postura por la despenalización. De hecho, el texto aprobado por AI no menciona a los clientes, sino que asume que la prostitución se ejerce como una actividad libre, de ahí que las leyes sólo deban centrarse en luchar contra la coacción, no contra el comercio sexual en sí mismo.

Jessica Neuwirth, que militó en AI hace 25 años, es una de las representantes de entidades feministas que más ha criticado la resolución de Dublín. Ella compara la prostitución con la mutilación del clítoris, y aboga por penalizar a los clientes, además de ayudar a las chicas a conseguir un trabajo adecuado para ganarse la vida. Asimismo, lamenta que AI use el eufemismo “sex work” para referirse a las prostitutas, cuya actividad no es “una libre elección”, sino una conculcación de los derechos humanos. Neuwirth, tras abandonar la organización, fundó Equality Now, una asociación de ayuda a mujeres objeto de trata.

En general, quienes han expresado su repulsa hacia la nueva postura de AI, defienden el denominado “modelo sueco”, que consiste en mantener ilegalizada esta práctica, pero enfocando la acción punitiva sobre los clientes, y partiendo de la base de que las chicas son víctimas, por lo general, de redes de trata, mafia, explotación, etc. De hecho, se constata que la mayoría de prostitutas son extranjeras en situación irregular, en grave dificultad económica, aparte de que suelen soportar un clima de violencia o de desprecio. Jessica Neuwirth destaca que resulta fundamental “deslegitimar a los hombres que compran sexo”.

La legalización es otro modo muy lucrativo de mantener en el limbo jurídico a las prostitutas

Desde el punto de vista sanitario

El “modelo sueco” (o “nórdico”, porque también se ha implantado en Noruega e Islandia) se ha aplicado, con sus variantes, a países como Canadá o Francia, o en la región del Ulster. Según un informe del gobierno sueco en 2013, la ley había logrado reducir a la mitad la prostitución callejera a lo largo de los veinte años que lleva en vigor este sistema (cfr. Aceprensa, 27-01-2014). Sin embargo, AI critica esta manera de gestionar el problema, pues alega que “compromete la seguridad de los trabajadores del sexo y los hace vulnerables al abuso”. Argumentos que, a fin de cuentas, conducen a legalización, en línea con la postura de ciertas agencias de la ONU, la publicación The Lancet, o la revista británica The Economist, que define la prostitución como “una elección personal”.

La revista londinense afirma en tono editorial: “esta publicación nunca ha encontrado plausible que todas las prostitutas sean víctimas”. Por eso las califica como “trabajadoras autónomas”. A fin de cuentas –sostiene The Economist– se trata de un acuerdo y transacción libre entre adultos; y mejor que esté regulado, porque siempre ha existido y existirá el pago por sexo.

Desde el punto de vista sanitario, hay quien defiende –entre ellos la revista The Lancet– que la prostitución legal ayudará a reducir el contagio del VIH y de enfermedades venéreas.

Jokin de Irala y Cristina López, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, autores de un trabajo sobre el tema, contradicen este razonamiento, pues alegan que no pasa de ser la descripción de un supuesto mundo irreal en que la promiscuidad fuese acompañada de la responsabilidad (MercatorNet, 28-08-2015). Irala advierte que, puesto que los condones no son efectivos al 100% en la prevención de este tipo de enfermedades, “el fenómeno de la ‘compensación de riesgos’ seguramente causaría nuevas infecciones” en un entorno de prostitución legalizada.

Muy pocas prostitutas se han registrado en Alemania donde la prostitución se considera un trabajo más

El modelo de negocio de la prostitución legal

En la línea opuesta a Suecia y Noruega, se encuentran Nueva Zelanda, el estado de Nevada, Nueva Gales del Sur (Australia), Países Bajos y Alemania, donde la prostitución está legalizada como una actividad profesional más. En el caso alemán, desde 2002 existe esta categoría laboral, para un país donde se ha calculado que hay cerca de 400.000 prostitutas. Sin embargo, un reportaje de The Daily Telegraph de 2013 indicaba que el número de mujeres registradas legalmente en este epígrafe era de solo 44. Eso sí, entre 2000 y 2011 descendió el número de explotadores sexuales condenados: de 151 a 32 (Aceprensa, 27-01-2014).

La periodista Nisha Lilia Diu, del Telegraph, visitó varias instalaciones de prostitución en Alemania, y llegó a la conclusión de que la legalización ha permitido la existencia de auténticas cadenas, como el caso de Paradise, similares a franquicias. Habla de “megaburdeles” de 1.400 m2 con 55.000 clientes al año, si bien el comercio sexual, técnicamente, queda fuera de la relación entre el dueño de los locales y las chicas, por lo general extranjeras engañadas. Andrea Matolcsi, de Equality Now, corrobora la relación entre prostitución y trata de personas. De hecho, este “modelo de negocio” alemán ha experimentado un “boom” gracias a la entrada de Rumania y Bulgaria en la UE (2008).

Una de las ciudades con mayor implantación de este tipo de negocios –en que las chicas viven, porque han de pagar la habitación, y donde encuentran todas las tiendas que necesitan – es Sarrebruck (Saarbrücken), cuya ubicación en la frontera con Francia permite una gran afluencia de clientes de ambos lados. Los franceses de Alsacia pasan al Sarre para disfrutar del sexo de pago, ilegal en su país, y los de Perpiñán pasan a la catalana Junquera, donde otro Paradise se ha construido, gracias a la laxitud de la legislación española.

Michael Beretin, uno de los dueños de este tipo de “franquicias”, explica que nadie quiere contratar a prostitutas según la estricta legalidad, a fin de evitar los problemas laborales que conlleva. La reportera del Telegraph se fija en su reloj Audemars Piguet, valorado en unas 100.000 libras (135.600 euros). Beretin explica los riesgos que supone tener empleados a los que dar órdenes, las posibles implicaciones de ciertos detalles cotidianos, pues podrían ser considerados por un juez como explotación y no parte de la gestión del negocio. De modo que, a pesar a la legalización, el modelo real no es otro que el limbo, con chicas que, para la ley, son simples clientas –sin Seguridad Social– de los propietarios del local. Así, son negocios “más fáciles de abrir que una tienda de comida”, afirma la periodista.

Aparte del sistema “franquiciado”, existe en Alemania la misma prostitución callejera de antes, practicada por mujeres en una exclusión que las lleva a ofrecerse por el equivalente a “comprar un BigMac”. Y, por otro lado, han surgido una serie de sites que facilitan el contacto entre mujeres que se prostituyen y clientes, como Gesext, cuya cifra de negocio alcanza los 10 millones de euros, pues cobra un 15% de comisión.

La Tailandia de Europa

Otro modo de afrontar el problema es el de la asociación alemana Sisters, fundada por Huschke Mau, quien hace diez años consiguió salir de la prostitución. Ella, que habla de Alemania como la “Tailandia de Europa”, decidió crear la organización de ayuda a prostitutas, porque muchas personas de servicios sociales no entienden la verdadera dimensión de ese mundo. “Si quieres dejar la prostitución, tienes problemas: te amenazan, estás sola, te deprimes; puede que incluso te quedes en la calle. Tienes miedo”, dice Mau a Deutsche Welle. En Sisters intentan ayudar a cada mujer con dos o tres voluntarios que le proporcionan un sostén emocional, porque el primer paso suele ser “un hombro sobre el que llorar”. Ese retorno a la dignidad propia resulta más necesario con las extranjeras; “el 90% de las prostitutas procede de la Europa del Este”, asegura Mau.

De forma parecida se expresa Jokin de Irala, quien entiende que el primer paso en todo lo relativo a la prostitución es centrarse en la situación vulnerable de mujeres y de menores, principales víctimas de la trata de personas. Además, y en línea con Joanna Niemi, profesora de Derecho en la Universidad de Helsinki, apunta a la grave banalización de terminologías como “trabajadora del sexo”, pues dotan de cierta neutralidad a la cuestión. Según Irala, la clave se halla en un cambio de la educación sexual, eliminando la obsesión por el “sexo seguro”, y situándola dentro de un planteamiento afectivo. Por eso critica la deshumanización que supone la pornografía —“un auténtico problema social”— y también las campañas de las organizaciones internacional del “establishment del sexo”, promotoras de legalizar la prostitución.


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