El nuevo arzobispo de Lima fue mediador en la crisis de los rehenes

Mons. Juan Luis Cipriani destacó como arzobispo de una de las zonas más pobres y violentas de Perú

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Mons. Juan Luis Cipriani, uno de los mediadores durante la toma de la residencia del embajador japonés en Lima por terroristas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, ha sido nombrado por Juan Pablo II arzobispo de Lima y primado del Perú. Sucede al cardenal Augusto Vargas Alzamora, que había presentado la renuncia por alcanzar el límite de edad.

El nuevo arzobispo de Lima nació en la capital peruana en 1943. En la década de los sesenta formó parte de la selección nacional de baloncesto, y participó en los Juegos Olímpicos de Tokio. Desde joven se vinculó al Opus Dei. Tras obtener el título de ingeniero industrial en la Universidad Nacional de Ingeniería, estudió filosofía y teología en la Universidad de Navarra, donde se doctoró.

En 1977 fue ordenado sacerdote. Después de ser vicario del Opus Dei para el Perú, en julio de 1988 Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Ayacucho, donde pasó a ser arzobispo en 1995, cargo que desempeñaba en la actualidad.

Ayacucho estaba considerada entonces la ciudad más violenta y peligrosa del país, en una zona de extrema pobreza de los Andes y centro de operaciones de la organización terrorista Sendero Luminoso. Mons. Cipriani se dedicó a despertar la esperanza de los habitantes en medio de un clima de violencia y crisis social, e impulsó la asistencia a las comunidades campesinas más afectadas por el terrorismo. A pesar de las innumerables amenazas, Mons. Cipriani continuó su labor evangelizadora, dedicando especial atención a la juventud, también a los que tenían problemas con la ley. "Cuando los detienen voy a la comisaría y le digo al comisario: no me muevo de aquí hasta ver qué pasa con esos muchachos", declaró en alguna ocasión.

También alentó el incremento de las vocaciones sacerdotales y la formación en la fe, entre otras iniciativas con la publicación en 1988 de un "Catecismo de doctrina social de la Iglesia", que alcanzó gran difusión.

Mons. Cipriani se hizo internacionalmente conocido por el papel que tuvo entre diciembre de 1996 y abril de 1997 como mediador durante la toma de rehenes en el asalto de la embajada del Japón en Lima por parte de los guerrilleros del MRTA. Como representante de la Santa Sede en la comisión mediadora, entró numerosas veces en la residencia, buscando una solución pacífica. Mons. Cipriani, que contaba con la confianza del presidente Fujimori y supo ganarse el respeto del líder guerrillero, Néstor Cerpa, procuró que el gobierno concediera al MRTA una salida honorable, sin concesiones de fondo, y que Cerpa, por su lado, rebajara sus exigencias maximalistaas de liberación de 431 prisioneros.

La crisis terminaría al cabo de 126 días, tras la intervención de tropas gubernamentales, con la muerte de los 14 guerrilleros y de dos militares y un rehén. Mons. Juan Luis Cipriani, que no estaba informado de la operación, declaró después con dolor: "Durante los cuatro meses, recé, luché y trabajé duro para lograr una salida pacífica. En todo el tiempo del secuestro me sentí padre de una gran familia de 86: los 72 rehenes y los 14 miembros del MRTA. Quería sacarlos a los 86 vivos y caminando".

Tras la división de la diócesis de Lima, promovida por el cardenal Vargas Alzamora, actualmente cuenta con 4 millones de fieles.


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