El mismo sitio, las mismas cosas

Same Place, Same Things

Página 1

Autor: Tim Gautreaux

La Huerta Grande.
Madrid (2018).
302 págs.
19 €.
Traducción: José Gabriel Rodríguez Pazos.

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Cuesta explicarse por qué la narrativa del estadounidense Tim Gautreaux (1947) no estaba disponible en español (reciente es también su traducción al francés). Sus relatos fueron apareciendo en las mejores revistas norteamericanas —The New Yorker, The Atlantic, Harper’s…— y en antologías de criterios rigurosos. Ha publicado Gautreaux tres novelas y dos libros de cuentos. El mismo sitio, las mismas cosas, de 1996, fue el primero.

Gautreaux, nacido hace setenta años en el estado sureño de Luisiana, se formó en la Universidad Estatal de Nicholls y en la de Carolina del Sur, donde se doctoró en Literatura Inglesa. En 1972 se incorporó a la enseñanza de Escritura Creativa en la Southeastern University: tres decenios ininterrumpidos de docencia, hasta su jubilación en 2003. Para escribir, antes hay que vivir, asegura con realismo. Casado y padre de dos hijos, Tim Gautreaux es, como él recalca jovialmente, católico desde su nacimiento.

En esta reunión de doce cuentos de veintitantas páginas, extensión habitual en Estados Unidos, palpitan vidas de gente más bien corriente, desgraciada incluso, del sur profundo de Luisiana. Los personajes provocan o se topan con un acontecimiento desconcertante que quiebra lo cotidiano y da un vuelco a la historia. Ese acontecimiento no se aparta de los ejes de la verosimilitud y suele ser un contratiempo o una penalidad. Exige tomar decisiones. Un granjero debe asumir la obligación de criar a su nieta recién nacida; un joven se enamora perdidamente de una voz de la radio; un maquinista provoca un aparatoso accidente de tren; un pobre borrachín, sin estudios, con la vida familiar desgajada, mendiga por la comarca un empleo; un mecánico de bombas de agua se encuentra un cadáver; profesores sin universidad que trabajan de remolcadores; una partida de naipes reparte delirantes historias de gente extremadamente peculiar.

Gautreaux conjuga, con humor un punto socarrón, cualidades de cuentista magistral: elige y observa minuciosamente a los personajes, describe con exactitud y una inusual humanidad, establece originales comparaciones, enlaza simbologías (la sequía pertinaz refleja la vida estéril, y las bombas del agua la esperanza; una partida de cartas, lo precario del azar); mide con ritmo el relato, titula bien, trasciende y universaliza los límites de la localización geográfica y tiene el don de la hondura, que encuentra rastros de humanidad –el valor de la vida humana– hasta en los asesinos y los bobos. Gautreaux figurará entre los cuentistas grandes de verdad. Inteligentemente traducido por José Gabriel Rodríguez Pazos, confiemos en que se amplíe el catálogo de sus títulos en español. 


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