El mensaje final del Sínodo molesta a Israel

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Era difícil que un Sínodo de Obispos sobre Oriente Medio no diera lugar a polémicas sobre la situación política de la zona, dominada por el conflicto árabe-israelí. Y así sucedió al final, pues algunos párrafos del mensaje del Sínodo y unos comentarios en rueda de prensa durante su presentación, levantaron la protesta israelí.

En el mensaje final del Sínodo, al hablar de la situación política y de seguridad en Oriente Medio, se habla del “impacto del conflicto palestino-israelí sobre toda la región, especialmente sobre el pueblo palestino, que sufre las consecuencias de la ocupación israelí: la falta de libertad de movimientos, el muro de separación y las barreras militares, los prisioneros políticos, la demolición de las casas, la perturbación de la vida económica y social y los millares de refugiados”. Al mismo tiempo, también se reconoce “el sufrimiento y la inseguridad en que viven los israelíes”. Sobre la situación de la ciudad santa de Jerusalén, los obispos se manifiestan “preocupados por las iniciativas unilaterales que podrían cambiar su demografía y su estatuto”. Unas iniciativas que reflejan el intento israelí de anexionarse definitivamente Jerusalén Este.

Frente a esta política de hechos consumados, el mensaje pide una paz “justa y definitiva” para la región, “mediante la aplicación de las resoluciones del Consejo de Seguridad y tomando las medidas jurídicas necesarias para poner fin a la ocupación de los diferentes territorios árabes.”

Su postura sobre el fin del conflicto palestino-israelí, reitera el habitual apoyo vaticano a la coexistencia de los dos Estados: una patria “independiente y soberana” para el pueblo palestino, y paz y seguridad para el Estado de Israel “dentro de fronteras internacionalmente reconocidas”. Para la ciudad de Jerusalén se pide “un estatuto justo que respete su carácter particular, su santidad y su patrimonio religioso para cada una de las tres religiones judía, cristiana y musulmana.”

Convivencia con los musulmanes
Las referencias del mensaje a la convivencia de los cristianos con los musulmanes reflejan también, con un lenguaje positivo, los puntos que son motivo de preocupación. “Los cristianos son ciudadanos originarios y auténticos, leales a sus patrias y, por ende, cumplen con sus deberes nacionales. Es normal que ellos puedan gozar de todos los derechos como ciudadanos, de la libertad de conciencia y de culto, de la libertad en el ámbito de la educación, y de la enseñanza en el uso de los medios de comunicación.”

Es más, se reafirma que “es el plan de Dios para nosotros, y es nuestra misión y nuestra vocación, que vivamos cristianos y musulmanes juntos”.

“Juntos -sigue diciendo el mensaje-, construiremos nuestras sociedades civiles sobre la ciudadanía, la libertad religiosa y la libertad de conciencia. (...) Queremos ofrecer a Oriente y a Occidente un modelo de convivencia entre las diferentes religiones y de colaboración positiva entre las diferentes civilizaciones, por el bien de nuestras patrias y el de toda la humanidad.”

La llamada a la paz va unida a la condena de la violencia y el terrorismo, así como “toda forma de racismo, antisemitismo, anticristianismo e islamofobia”.

Tierra prometida
Dentro de un apartado dedicado a las relaciones con los judíos, al mismo tiempo que reafirma el “diálogo continuo entre la Iglesia y los representantes del judaísmo”, hay un párrafo que ha escocido a los responsables israelíes. Es el que afirma que “no está permitido recurrir a posiciones bíblicas y teológicas para valerse de un instrumento que justifique las injusticias”, lo que apunta a la reivindicación judía sobre “la tierra prometida”. Más bien, sigue diciendo el mensaje, “recurrir a la religión debe permitirle a cada persona ver el rostro de Dios en el otro, y tratarlo según los atributos de Dios y según sus mandamientos, es decir, según la bondad de Dios, su justicia, su misericordia y amor por nosotros.”

Especialmente molestó a los representantes israelíes un comentario que hizo en la rueda de presa de la clausura del Sínodo el arzobispo greco-melquita Cirilo Salim Bustros, quien afirmó: “Los cristianos no podemos hablar de ‘tierra prometida’ como un derecho exclusivo de un pueblo judío privilegiado”. Después de Cristo, “no hay un pueblo escogido: todos los hombres y mujeres de todos los países se han convertido en pueblo escogido”.

La respuesta de la diplomacia israelí no se hizo esperar. El vice ministro de Asuntos Exteriores, Danny Ayalon, se quejó de que el Sínodo se hubiera convertido en “un foro para ataques políticos contra Israel, en la tradición de la propaganda árabe”. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Yigal Palmor, acusó a los obispos de ignorar el hecho de que “Israel es el único país de la región que da la bienvenida a los cristianos”. Pero otras voces en el Sínodo contestaron que en países como Siria o Jordania los cristianos no están peor tratados que en Israel.

Con el deseo de apaciguar los ánimos, el P. Lombardi, director de la Sala de Presa de la Santa Sede, recordó que la postura del Sínodo se refleja solo en el mensaje final, dando a entender que los comentarios en rueda de prensa no tienen el mismo valor.


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