El juicio del Dr. Johnson

The Judgment of Dr. Johnson

Página 1

Autor: Gilbert Keith Chesterton

Espuela de Plata. Sevilla (2009). 164 págs. 10 €. Traducción: Victoria León.

El juicio del Dr. Johnson es una obra teatral cuyo protagonista principal es uno de los personajes que más admiraba Chesterton, el polifacético autor del siglo XVIII Samuel Johnson, y cuyo núcleo señala que lo verdaderamente importante de la vida son las cuestiones domésticas y familiares y no las aparentemente más trascendentales disputas sociales y políticas.

En el primer acto, el matrimonio Swift, agentes norteamericanos enviados a Inglaterra para que propaguen las ideas revolucionarias, desembarca en la costa escocesa, donde casualmente conocen al Dr. Johnson y a su amigo y biógrafo James Boswell, entre otros. En el segundo acto vuelven a coincidir en la casa de los Swift, en Londres, y entran en escena el filósofo Edmund Burke y el cínico John Wilkes (un personaje que históricamente fue parlamentario y alcalde de Londres, y que Chesterton construye a partir de las personalidades de Oscar Wilde y James Whistler). El tercer acto se desarrolla en el café El Gallo Rojo, cuando el cerco a los espías se estrecha y el doctor Johnson está preocupado por la inestable situación de los Swift.

Según parece, esta pieza nunca se representó a pesar del éxito popular que Chesterton había tenido con Magia, y a pesar de ser una obra mucho mejor: más equilibrada como pieza teatral, más consistente argumentalmente, con más agudezas verbales y diálogos equiparables a los de las conocidas comedias de salón de Oscar Wilde. Tal vez influyó su contenido tan crítico con la frivolidad cínica: “Sería, desde luego, inconcebible, que alguien quisiera incurrir en la miserable y repulsiva depravación de invocar el nombre de la verdad, como acaba de hacer Mr. Wilkes, en el mismo momento de estar afirmando algo falso”, dice Johnson. Y Wilkes, conviene no perderlo de vista, es un político rastrero que piensa que la gente tiene “la misma dignidad de una jaula de monos”. En cualquier caso, la obra se lee con gusto aunque conectarán mejor con ella quienes estén familiarizados con el Dr. Johnson, un personaje que lo llena todo.

Chesterton formula con fuerza e ingenio los argumentos de un personaje repulsivo como Wilkes, por ejemplo cuando le hace decir que “las llamas del infierno sólo se pintan en las puertas para asustar a los estúpidos. Tras ellas se esconden las flores de un paraíso terrenal, el paraíso de los sabios. Allí nos desprendemos de las viejas cadenas de la superstición sin ni siquiera advertirlo...”. Además, entrelaza comentarios reales de Johnson, de Boswell y de Burke con los suyos propios. Quien haya leído la monumental biografía de Boswell recordará, por ejemplo, una escena que aquí Chesterton sitúaen un momento en queJohnson, en Escocia, mira el paisaje y señala que no ve sublimidad por ninguna parte, a lo que su acompañante, Grant, le dice: “Me temo que eso se debe a sus prejuicios hacia nuestro país, Dr. Johnson. Sé que es usted un paladín de la gran causa de la religión. ¿No se le ha ocurrido pensar que, después de todo, Dios también creó Escocia?”. Y entoncesJohnson responde: “Pero, señor, debe usted recordar que la creó para los escoceses. (...) Y las comparaciones son odiosas, pero Dios también creó el Infierno”. (Se puede apuntar aquí que, en otro lugar, Chesterton apostilla esa conversación diciendo: “Es posible que haya en el mundo alguien que lea esa conversación y crea que es seria”; un comentario dirigido a quienes le criticaban a él por ironías dichas con el mismo espíritu de combate dialéctico).


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.