El gran mínimo. Antología poética

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Autor: Gilbert Keith Chesterton

Salto de página.
Madrid (2014).
220 págs.
14,90 €.
Traducción: Miguel Salas Díaz.

Antología bilingüe con cincuenta y tres poemas de G.K. Chesterton (1874-1936), magníficamente traducidos. Es de agradecer, pues esta y Lepanto y otros poemas, que contenía 27 poesías y fue publicada el año 2003 por Renacimiento, son las dos únicas ediciones de poemas de Chesterton en castellano.

El antólogo y traductor, Miguel Salas, habla en el prólogo de la figura de Chesterton y luego explica el motivo de haber elegido como título global el del poema “El gran mínimo”: porque la idea del agradecimiento está en el fondo de la filosofía vital de Chesterton, como se puede ver en otro poema como “By the Baby Unborn”, el canto de un niño asombrado con la vida que tendría si naciera. Y, naturalmente, también explica las limitaciones y dificultades de su trabajo: le faltan, por ejemplo, los poemas más humorísticos (aunque W. H. Auden consideraba que el don natural de Chesterton era ser un poeta cómico).

Naturalmente, figura “Lepanto”, una de las grandes baladas chestertonianas, aunque no “La Balada del Caballo Blanco” (más larga y que merecería otro libro…). Se puede recordar aquí que T.S. Eliot, en el obituario que dedicó a Chesterton, decía que se habían exagerado sus méritos en algunos aspectos y sin embargo se ignoraban estos poemas, que eran sus mayores logros. También Borges los consideraba poesía de primerísima fila y decía que “Lepanto” era un ejercicio de honradez pocas veces visto, pues es “una celebración inglesa de una victoria de los tercios de España y de la artillería de Italia”.

De los poemas cortos hay muchos destacables. Entre los más conocidos están “The Donkey”, acerca del burro que llevó a Jesucristo a Jerusalén, elogiado por Kipling; “The Sword of Surprise”, una creación de la que, según Auden, cualquier poeta se sentiría orgulloso; “The Convert”, publicado justo el mismo año de su entrada en la Iglesia católica; “Joseph”, acerca del conflicto interior de san José, aplaudido por muchos debido a su perfecta estructura y ritmo; el breve y esperanzador “The Skeleton”…

Vale la pena recordar lo que uno de los colaboradores y amigos de Chesterton, W.R. Titterton, decía de su poesía que “nacía de la necesidad del instante” y que tal vez hubiera sido más perfecta “de haber sido un artista en su estudio, a solas, buscando la línea perfecta”. Y de ahí también que los defectos como poeta de Chesterton pueden ser vistos como facetas de su calidad: era ante todo un gran conversador y un trovador que “no perdía el tiempo con limpiametales y gamuza” y que, además, “no se consideraba un gran escritor. Tenía verdades que contar que eran de vital importancia, pero él no las había inventado. Lo importante era conseguir que llegasen al público”.


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