El espíritu no es lo único que cuenta

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Varios políticos alemanes se han pronunciado en los últimos meses a favor de equiparar las uniones de homosexuales al matrimonio. El arzobispo de Colonia, Card. Joachim Meisner, explica en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (19 enero 2000) por qué la Iglesia católica se opone a esta medida.

¿Qué tiene la Iglesia católica en contra de que se casen homosexuales? Al fin y al cabo, el Catecismo de la Iglesia católica condena cualquier discriminación de homosexuales, que precisamente en el siglo XX tuvieron que sufrir duros golpes. Y también es el Catecismo el que dice que la «amistad desinteresada» es posible entre los homosexuales. Entonces, ¿por qué no son posibles también las uniones vitalicias entre esas personas? ¿Por qué no debe tratarles el Estado como si fueran un matrimonio y también, para simplificar, llamarles de esa manera? (…)

Para tratar honradamente de comprender las dificultades que la Iglesia católica tiene con el «matrimonio homosexual» hay que despojarse por un momento de los grotescos prejuicios que se tienen hoy contra ella. El cuerpo y la sexualidad no pueden resultar indiferentes a una comunidad religiosa que confiesa haber nacido de la encarnación del Hijo de Dios. Por eso, no asombra que los primeros cristianos, debido a su doctrina no espiritualista, fueran despreciados por la elegante filosofía neoplatónica de su tiempo. Estos filósofos adoraban al hombre como un ser espiritual que, por desgracia, estaba condenado a vivir en la cárcel de un cuerpo molesto. A lo largo de la historia, la Iglesia ha tenido siempre que luchar duramente contra falsas doctrinas que predicaban el rechazo del cuerpo. (…)

Según la doctrina católica, que el cuerpo humano y la sexualidad sean algo bueno, querido por Dios y que, por ello, no puedan permanecer como algo indiferente, tiene consecuencias muy concretas. Porque el cuerpo no es indiferente, la Iglesia católica rechaza los anticonceptivos artificiales, que manipulan un aspecto fundamental del individuo. Porque el cuerpo no es indiferente rechaza la Iglesia la fecundación artificial, que supone una intervención técnica en un proceso natural concreto. Y porque el cuerpo no es indiferente, no puede la Iglesia olvidar las diferencias biológicas y rechaza la denominación de «matrimonio» para una pareja de homosexuales. (…)

Si solo cuenta el espíritu, tenía razón el australiano Peter Singer cuando decía que los disminuidos psíquicos no tienen que ser tratados como personas. Si solo cuenta el espíritu, no habría nada que objetar contra la eutanasia de los pacientes de alzheimer. (…) Si solo cuenta el espíritu, el clon humano no sería más que un mellizo de otro individuo espiritual. Si solo cuenta el espíritu, se podría matar a los niños con una inyección poco antes de su nacimiento -como ocurre hoy legalmente en Alemania-, porque todavía no se puede establecer con ellos ninguna relación espiritual. (…)

No hay que hacerse ilusión alguna de que la introducción del «matrimonio» entre homosexuales no tendrá ninguna consecuencia más. La protección del matrimonio y la familia solo tiene sentido para el Estado porque los niños pueden crecer con el amparo que les corresponde para después, con la fuerza recibida, pasar a formar parte de la sociedad. (…) El hecho de que las parejas homosexuales exijan la adopción de niños muestra que en primer lugar no se busca el bien de los niños, sino saciar la necesidad de los homosexuales de tener hijos. Sin embargo, la generación futura no tiene que ser el objeto de nuestros deseos sino más bien el sujeto de nuestro cuidado.

En un tiempo en el que el matrimonio y la familia están expuestos a multitud de peligros, sería desastroso que el Estado cooperara a relativizar y debilitar estas instituciones. Por este motivo, hay que rechazar todo lo que sirva para imitar al matrimonio, como la celebración de una ceremonia civil, compartir el mismo apellido, etc. Si a todo se da el mismo trato, también llegará un día en el que todo sea indiferente. (…

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