El “efecto Michelle” en la educación de las chicas

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La Elizabeth Garrett Anderson School, un colegio femenino público de Londres, tiene un alto porcentaje de alumnas inmigrantes o pertenecientes a minorías raciales. Sus resultados académicos estaban por debajo de la media de las escuelas londinenses. Pero, a partir de 2011, experimentó una mejora espectacular. ¿Qué pasó?

Pasó por allí Michelle Obama, en abril de 2009, mientras su marido asistía en Londres a una cumbre del G-20. Visitó la escuela, habló con las alumnas, les contó su propia historia personal. Nació en un barrio deprimido de Chicago, pero logró entrar en Princeton, luego en Harvard, para estudiar Derecho. Fue contratada por un importante despacho de abogados. Dijo a las chicas que progresó así gracias a la educación, y que también ellas seguirían una trayectoria semejante si se empeñaban en estudiar. “Yo era como vosotras; vosotras podéis ser como yo”, vino a ser su mensaje.

Volvió a verlas dos años más tarde en Oxford, y les dijo que aspirasen a entrar en la universidad. “Tenéis talento y empuje para tener éxito aquí”. Las invitó además a la Casa Blanca, adonde efectivamente fueron el año siguiente una docena de ellas, en representación de todas.

“Yo era como vosotras, vosotras podéis ser como yo”, dice Michelle Obama a las chicas de ambientes menos favorecidos

Los testimonios, también gráficos, prueban que Michelle Obama sintonizó muy bien con ellas y las alentó mucho. “Ella lo logró, y nosotras podemos lograrlo –dijo una alumna a The Guardian tras la reunión con la Primera Dama en Oxford–. No es simplemente que lo hayamos oído; lo hemos sentido de verdad”.

Una influencia real

Pues bien, un profesor de Economía en la Universidad de Bristol, Simon Burgess, cree que el “efecto Michelle” es real y comprobable. En un estudio, que él mismo resume en The Conversation, sostiene que el estímulo de la Primera Dama explica la extraordinaria subida de las notas en el examen final de secundaria por parte de las alumnas de la escuela.

Antes, las chicas de la Elizabeth Garrett Anderson School puntuaban por debajo de la media. En 2011 empezaron a acercarse, y en 2012 la superaron sobradamente. Si se examina la evolución desde otro punto de vista, según el promedio de sobresalientes y notables por alumna, equivale a una subida de dos niveles (por ejemplo, de aprobado a sobresaliente) en cada materia.

Es difícil probar que este extraordinario progreso se debió justamente a la señora Obama. Pero Burgess ha hecho lo posible para distinguir el “efecto Michelle” de otros factores identificables, y al final estima en alrededor del 1% la probabilidad de que el fenómeno se explique por otras causas.

Al igual que en ese colegio londinense, la Primera Dama impulsa la educación de las jóvenes en buena parte del mundo a través del proyecto Let Girls Learn (LGL), iniciativa del presidente y de ella, que concita recursos de varios organismos oficiales norteamericanos, como el Departamento de Estado o el Peace Corps. La finalidad es contribuir a remediar el déficit de educación que experimentan las chicas adolescentes en muchos países. La última gira de Michelle Obama como embajadora de LGL la llevó a Liberia, Marruecos y España el mes pasado.

Escuelas femeninas

Como parte de este empeño, Michelle Obama apoya en particular, como señala la profesora española María Calvo Charro, las escuelas femeninas, que en muchos casos se han demostrado eficaces para corregir el retraso educativo de las chicas y combatir los estereotipos que las alejan de determinados estudios, como matemáticas o ingeniería. La Primera Dama es recordada también en otro colegio público femenino de Londres, Mulberry School for Girls, donde estuvo el año pasado. Situado en el borough de Tower Hamlets, con fama de ser uno de los lugares con mayor diversidad racial del mundo, tiene una elevada proporción de alumnas musulmanas. Aún no hay datos del “efecto Michelle” en este caso.

Tras la visita de Michelle Obama a una escuela pública femenina de Londres, las notas de las alumnas en el examen final de secundaria subieron el equivalente de dos niveles en cada materia

El aliento específico a las alumnas también sirve para los chicos, a su modo. Un ejemplo es el programa Becoming a Man (BAM), dirigido a varones adolescentes que viven en barrios problemáticos de Chicago. El método es trabajar el carácter y hacerles ver que lo realmente masculino es estudiar, no meterse en bandas callejeras. Un análisis de sus resultados, publicado por el National Bureau of Economic Research, muestra que entre los muchachos de BAM disminuyeron la delincuencia y el absentismo escolar, y subió la tasa de graduación al final de la secundaria.

Experiencias como esta abonan la tesis que Burgess propone a la luz de su estudio sobre la Elizabeth Garrett Anderson School: que reforzar la motivación de los estudiantes es uno de los principales factores de éxito en la enseñanza. Pero se refiere a la motivación “intrínseca”: los experimentos con acicates externos, como incentivos económicos a las familias o a los chicos mismos, no siempre han funcionado. Lo ideal, dice Burgess, sería que hubiera más personalidades que visitaran los colegios ofreciendo al alumnado un modelo atractivo y espoleando su ambición. Claro que, señala, no es fácil encontrar figuras tan inspiradoras y magnéticas como Michelle Obama.


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