El despegue económico del altiplano peruano

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Las poblaciones del antiplano andino están mejorando sustancialmente su situación económica, según el estudio Conexión y despegue rural, realizado por el Instituto del Perú, un centro de investigaciones sociales vinculado a la Universidad San Martín de Porres.

El trabajo, dirigido por Richard Webb, economista y expresidente del Banco Central de Perú, ofrece datos significativos sobre el progreso económico de la región: los ingresos en esa zona han subido un 7,2% anual de promedio desde 1994, frente a un 2,8% en el medio urbano. Desde 2001 han aumentado también, por término medio, un 73% el salario diario, un 88% el precio de la hectárea y un 166% el de las viviendas.

El estudio se separa de las explicaciones tradicionales sobre la pobreza del altiplano, que atribuyen el retraso económico de las zonas rurales a su incapacidad para ofrecer productos baratos que compitieran con los importados, a sus malas infraestructuras, a la falta de ayuda e incluso al carácter abúlico del andino. Conexión y despegue rural, tras un extenso trabajo de campo y numerosas entrevistas y cuestionarios con habitantes y responsables políticos de la zona, cree que la pobreza de esta área rural de Perú ha estado causada por su aislamiento geográfico. Según sus conclusiones, hay una clara relación causal entre el progreso de esta zona en los últimos veinte años y el aumento de las comunicaciones con las zonas urbanas.

Un estudio atribuye en el rápido progreso económico del altiplano a la mejora de las comunicaciones, que lo han conectado con las ciudades

La importancia de la geografía
Podría decirse, pues, que el lugar y las condiciones del asentamiento de la población resultan capitales para la productividad económica, que –según un cálculo– en una pequeña ciudad viene a ser en torno al doble que en el campo. En el caso del altiplano, hay otro elemento muy influyente: la población está muy dispersa, lo que dificulta las transacciones económicas.

El estudio distingue entre los factores que tienen un impacto directo sobre la productividad económica y los de impacto indirecto. Entre los primeros se encuentran los vinculados con la situación geográfica, como los costes del transporte de mercancías, las carreteras y las comunicaciones; entre los segundos, aparecen los relativos a las infraestructuras y los servicios públicos, como la educación, salud, tecnologías, etc.

Carreteras y telecomunicaciones
En su trabajo de campo, Webb se percató de que las condiciones en el altiplano estaban cambiando. Desde los años noventa se han construido nuevas carreteras y se ha mejorado bastante las existentes. Entre 1995 y 2011, por ejemplo, la red de carreteras asfaltadas creció 550 kilómetros, frente a 140 km en los 25 años anteriores.

El uso de teléfonos móviles subió del 2% al 54% entre 2004 y 2011

Gracias a ello han proliferado las conexiones entre las zonas rurales y las urbanas, y se ha multiplicado el tráfico entre ellas. Se estima que el trayecto medio a la ciudad más próxima se ha reducido a la mitad en diez años. Esto permite que sea cada vez mayor el número de personas que combinan su trabajo en el campo con alguna ocupación en la ciudad, con la consiguiente subida de los ingresos medios. Además, la mejora de la red viaria abarata los costes y, por tanto, el precio de los productos, y hace posible un mayor acceso a servicios públicos.

El estudio también subraya la implantación de las telecomunicaciones en el altiplano. Es sintomático a este respecto el aumento de la cobertura de electrificación, asociada con una mayor salubridad de las viviendas. Un impacto similar en la implicación entre ciudad y campo ha tenido el uso de la telefonía móvil, que se ha extendido rápidamente en la región: en 2004, tenía celular el 2% de la población, y en 2011, el 54%.

Modernización agrícola
Otros factores que se mencionan en el estudio tienen que ver con la modernización agrícola: se ha generalizado el riesgo por aspersión y goteo, se ha mecanizado el campo con el uso de tractores y cosechadoras y se han motorizado los molinos; todo ello aumenta mucho la productividad. Asimismo, el estudio destaca la presencia de asociaciones con finalidad productiva o comercial y la implicación de los habitantes andinos en los mercados de productos.

El estudio recomienda seguir intensificando la relación entre la zona rural y la urbana. Entre otras cosas, insiste en la necesidad e importancia de invertir en la mejora de la red de carreteras, ya que aún hay muchos tramos sin pavimentar y la red viaria andina es muy vulnerable a los fenómenos meteorológicos.


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