Contrapunto

El color del titular con que se mira

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Contrapunto

Sobre el informe anual que acostumbra presentar Unicef poco antes de Navidad, dos periódicos españoles decían: "La desnutrición mata, cada año, a siete millones de niños de todo el mundo" (ABC, 17-XII-97) y (El Mundo del mismo día) "Seis millones de niños mueren al año en el mundo por malnutrición". ¿Seis o siete millones? Bah, un millón más, un millón menos... de muertes, aunque los datos sean dramáticos. El diario El País tampoco escapa a la magia de las cifras, y titula: "35.000 niños mueren cada día por causas evitables". Cifra redonda que multiplicada por 365 días resulta 12.775.000 muertes anuales, cuando los demás diarios hablan de 12 millones de muertes evitables. Pero 775.000 más o menos... Al fin y al cabo, también lo que dice Unicef es una estimación -pensará acertadamente el periodista- y 775.000 más o menos no trastocan nada.

Le Monde hablaba, en el subtítulo, de siete millones de niños muertos anualmente por malnutrición. Sólo el International Herald Tribune dijo lo que se corresponde más fielmente con los cálculos de Unicef, a saber, que la "malnutrición es un factor en el 55% de las muertes infantiles en el mundo", cosa que -de los otros cuatro diarios citados- sólo explica Le Monde, en el cuerpo de su noticia.

El 55% de 12 millones de muertes por causas evitables son 6,6 millones, en las que la malnutrición interviene como un factor. Ante confusiones como ésta, que son frecuentes, es preciso leer más allá de los titulares, ya que éstos, por su brevedad, tienden a los mensajes (si no lo han hecho ya las organizaciones que difunden sus propias noticias). Hay que leer el desarrollo de la noticia, que generalmente explica, matiza y a veces hasta contradice lo escrito -¿por otra mano?- en el titular. Leer varios periódicos y contrastar las cifras es una solución accesible a pocos y ni siquiera termina de resolver todo. En este caso de malnutrición hace falta llamar a Unicef. Con el inconveniente de que sea viernes por la mañana, la Navidad esté a las puertas y nadie descuelgue el teléfono.

José María Garrido

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