El Observatorio

El cliché de las resistencias en la Curia

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El hecho de que la irlandesa Marie Collins, la única víctima que participaba en la Comisión anti-abusos vaticana, haya renunciado a su puesto no favorece la imagen pública de la Comisión. Ella atribuye su gesto a las resistencias que habría encontrado el trabajo de la Comisión, aunque reconoce que el balance de la lucha contra la pederastia es, en conjunto, “positivo” y que el esfuerzo se mantiene.

En declaraciones a Andrea Tornielli, de La Stampa, Collins explica qué entiende en este caso por “resistencias”. “No creo que haya resistencias a las normas o a acciones específicas en contra de la pederastia. Se trata más bien de la sensación de que el trabajo de nuestra comisión es considerado por algunos como una interferencia. No sé si esto forma parte de las resistencias contra el Papa. Encontré más bien una renuencia general a la colaboración”.

Las decisiones que se han tomado para combatir este crimen no han perdido vigor: “El trabajo sigue adelante”, dice Collins. “Quisiera que fuera más rápido, que se hiciera más. Pero la lucha contra la pederastia sigue; aunque haya personas que se resistan a nuestras indicaciones, esto no significa que la pederastia no sea combatida”. Como único asunto concreto que menciona, lamenta que la Congregación para la Doctrina de la Fe no responda directamente las cartas de las víctimas que se dirigen a ella, sino que las dirija a los obispos locales. Esto le parece una “falta de respeto” que “hiere nuevamente” a las víctimas.

Aunque haya renunciado, dice que seguirá colaborando con la Comisión. Piensa que en la lucha contra la pederastia en la Iglesia “el balance, en conjunto, es positivo”. Reconoce que se han dado “grandes pasos en la formación de los seminaristas”, y que también son importantes los cursos de formación en la Universidad Gregoriana. “La ‘tolerancia cero’ con quienes abusen de menores no está en discusión”.

Para aclarar las resistencias a las que se refiere Collins, Corriere della Sera entrevista al Cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Müller piensa que “se debería acabar con el cliché de que por un lado está el Papa que quiere la reforma y de otra un grupo de resistentes que querrían bloquearla”.

En el caso concreto mencionado por Collins, Müller aclara que “la competencia de la Comisión [anti-abusos] es muy distinta de la de la Congregación. Esta última se ocupa de los procesos canónicos a los clérigos acusados de los delitos más graves. El fin es diferente, pero la Congregación ha colaborado en la constitución de la Comisión. Uno de nuestros colaboradores forma parte de ella. Puedo afirmar que en estos últimos años ha habido un contacto permanente”.

En cuanto a la respuesta a las víctimas que pedía la Comisión, Müller explica que “a la Congregación le corresponde hacer un proceso canónico. Del contacto personal con las víctimas es mejor que se ocupe el obispo del lugar. Cuando llega una carta, pedimos siempre al obispo que se ocupe de la atención pastoral de la víctima, y que le explique que la Congregación hará todo lo posible para que se haga justicia. Es un malentendido pensar que esta Congregación pueda ocuparse de todas las diócesis y órdenes religiosas del mundo. No se respetaría el principio legítimo de la autonomía de las diócesis y de la subsidiariedad”.

En cuanto a un tribunal especial dentro de la Congregación para juzgar los casos de obispos negligentes en la lucha contra los abusos a menores, Müller dice que “se trataba de un proyecto, pero, después de un intenso diálogo entre los dicasterios implicados en la lucha contra la pedofilia en el clero, se ha concluido que para afrontar posibles negligencias delictivas de los obispos tenemos ya la competencia de la Congregación para los Obispos, que cuenta con los instrumentos y medios jurídicos para ello”.


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