El cine alemán se despereza

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Berlín. El cine alemán despierta de un prolongado letargo, y se despereza. Cada vez son más las producciones nacionales que alcanzan el éxito en el extranjero, en momentos en los que la industria alemana del celuloide se encuentra en constante expansión y desde la política llegan impulsos para asegurar la financiación del séptimo arte en medio de la crisis económica que atraviesa el país.

El éxito del cine alemán se puede medir en cifras. Este año, Good Bye, Lenin!, de Wolfgang Becker, una película sobre la desaparecida RDA, ha atraído a los cines a casi 6 millones de espectadores alemanes y se ha vendido a más de 50 países. También fue toda una sorpresa que la alemana Caroline Link se llevara un Oscar por En un lugar de África (ver servicio 78/03), y recaudara 5 millones de dólares en EE.UU., donde este año es la más vista de las películas de habla no inglesa. Deliciosa Martha (ver servicio 110/02), de Sandra Nettelbeck, funcionó muy bien en Italia, España y EE.UU.

«En los dos últimos años, el cine alemán ha tenido un desarrollo increíble, lo que también se nota a escala internacional», afirmó la ministra de Estado alemana para la Cultura, Christina Weiss. Una de las razones podría ser que «existe una nueva generación de cineastas que de nuevo son capaces de contar buenas historias».

Pese a todo, la financiación de la industria alemana del cine, que da trabajo a unas 40.000 personas, plantea serios dolores de cabeza a los responsables del sector. Debido al mal momento que atraviesa la economía del país, los bancos son reacios a invertir en un negocio de alto riesgo como el cine, y por ello las productoras, la gran mayoría empresas medianas sin grandes recursos, no tienen más remedio que refugiarse en las ayudas estatales.

El desarrollo del cine nacional es un asunto de gran importancia para el gobierno alemán. Tras su llegada al poder en 1998, el gabinete presidido por el socialdemócrata Gerhard Schröder se propuso convertir el fomento del cine en uno de los puntos fuertes de su política cultural.

Un dato que preocupa al gobierno es que, en los últimos años, la cuota de cintas alemanas en los cines del país ha oscilado entre el 9% y el 18%, mientras que en los años 60 y 70 podía alcanzar incluso el 30% (cfr. servicio 103/03). El gobierno lamenta también el reducido número de películas alemanas que alcanzan el éxito en el extranjero, aunque en las últimas décadas se hayan registrado grandes excepciones, como Corre, Lola, corre (ver servicio 61/00), de Tom Tykwer, que recaudó más de 7 millones de dólares en EE.UU.

Con apoyo estatal

Para fomentar la industria del cine, el gobierno apoya económicamente galardones como el Premio del Cine Alemán, con una dotación de tres millones de euros, además de rodajes de algunas películas o fases concretas de la producción. Tanto Good Bye, Lenin! como Corre, Lola, corre son ejemplos de películas rodadas con ayuda estatal. El pasado 21 de mayo, el gabinete aprobó la nueva ley para el fomento del cine, que -tras pasar por el Parlamento- entrará en vigor el año próximo. La ley prevé aumentar las ayudas federales a la producción de películas a 64,7 millones de euros anuales, un 40% más que hasta ahora. Los fondos, además de las aportaciones del Estado, provienen también de donaciones efectuadas por televisiones públicas.

Al margen del fondo federal, los Estados disponen también de planes de apoyo a la industria del cine, con una dotación total de unos 200 millones de euros en 2002. Uno de los deseos del gobierno de Schröder es unificar dichos esfuerzos y fomentar menos películas pero con más capital. La razón está clara: una producción de Hollywood cuesta una media de entre 30 y 40 millones de dólares, mientras que una película alemana suele salir adelante, en el mejor de los casos, con apenas 3 millones.

Entre los planes para el futuro, el gobierno quiere crear un consejo estatal anexo a la Cancillería que se encargue de asesorar a las autoridades en la materia. Por su parte, la industria del sector planea también la creación de una Academia Cinematográfica al estilo de Hollywood con el fin de promocionar el cine alemán en el exterior. Sin embargo, por el momento, el Estado, al ser el que aporta el presupuesto, parece no querer dejar de tener la iniciativa.

Vicente Poveda

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