El buen profesional

Primeros y segundos pasos en el ámbito laboral

Página 1

Autor: David Cerdá

Rialp. Madrid (2019).
174 páginas.
13,00 €.

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¿Por qué cada vez más jóvenes (y no tan jóvenes), bien preparados e incluso brillantes, según sugiere su formación académica y curriculum vitae, tienen dificultades para adaptarse a su puesto de trabajo o incluso fracasan laboralmente? Para David Cerdá, conferenciante, consultor y traductor, el motivo es la falta de profesionalidad. Es una cuestión que no se aborda, o al menos no como se debería, en la formación universitaria. En este sentido, y recurriendo a Ortega y Gasset, recuerda que una de las misiones de la universidad es enseñar al estudiante “a ser un hombre culto y un buen profesional”.

Cerdá entiende la profesionalidad como un conjunto de cualidades, “un ethos, un carácter”. Un buen profesional es una persona que posee y pone en práctica un conjunto de virtudes. Y proyectando este concepto sobre las organizaciones, se podrá decir que una organización es profesional si quienes en ella trabajan lo son.

Tras exponer los fundamentos sobre los que se asienta un buen profesional, el autor dedica el resto de capítulos a exponer esa serie de virtudes, y los conceptos y comportamientos básicos sobre los que se asientan, pero que, por descuidados, conviene recuperar. Así, recomienda poner los cinco sentidos y conducirse con la debida prudencia cuando se dan los primeros pasos en el ámbito laboral, cuidando el trato y la comunicación con los compañeros, en cuanto que elementos fundamentales para “saber estar” en el lugar de trabajo. No menos importante, y cuando corresponda, es “saber salir” con elegancia de un puesto de trabajo y de la organización en la que se ha desarrollado.

Como no puede ser de otra manera, el ejercicio profesional requiere ser competente, a base de eficacia y eficiencia; y competir “a fondo”, en el sentido de tenacidad, esfuerzo y superación, pero siempre con elegancia y deportividad. Son imprescindibles la responsabilidad y la autoexigencia, pero sin poner en peligro el necesario equilibrio vital. El autor también dedica espacio al compañerismo bien entendido y a la disposición para aprender y enseñar. Y, por supuesto, a aspectos tan importantes como la construcción de una sólida reputación, y el papel que en ella juega la honradez, la integridad y la ética.

Cerdá concluye el libro con un capítulo en el que recuerda que la profesión que ejercemos es “nuestra contribución esencial a la polis”. Por ello, no cabe considerar como un buen profesional a aquél que no tiene conciencia social. Para el autor “el corazón de la profesionalidad” es entregarse en el trabajo que se desempeña y, a través de él, servir a quienes nos rodean.


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