El Observatorio

El auge del dinero electrónico… ¡en África!

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El uso del teléfono para servicios financieros ha encontrado en África su campo de pruebas idóneo. A la escasez de oficinas tradicionales –o su inaccesibilidad para una parte importante de la población–, se une la rápida extensión de los móviles en el continente: según el informe Mobility Report de Ericsson, a finales de 2014 había ya 975 millones de líneas, lo que corresponde al 83% de la población.

Tiémoko Meyliet Koné, gobernador del Banco Central de los Estados de África Occidental, analiza en un blog de Brookings Institution el auge de los servicios financieros en el oeste del continente, en concreto en los ocho países que forman la Unión Económica y Monetaria de África Occidental (WAEMU, por sus siglas en inglés): Benin, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea Bissau, Mali, Níger, Senegal y Togo.

La evolución no ha sido constante: desde 2006, año en que el Banco Central de la región publicó la primera instrucción reguladora del sector, hasta 2009, cuando se involucraron los principales teleoperadores locales, el crecimiento fue lento. Desde entonces, el ritmo ha sido mayor, aunque el momento crítico fue 2012: entonces el número de proveedores aumentó bruscamente, fundamentalmente por acuerdos entre algunos de los principales bancos con los mencionados teleoperadores.

Actualmente, estos consorcios representan el 75% de todos los proveedores. Los demás son entidades dedicadas a los microcréditos o instituciones especializadas solo en dinero electrónico.

En septiembre de 2015, 22 millones de personas estaban subscritas a algún servicio financiero vía móvil en estos ocho países (un cuarto de la población), y un tercio de ellas habían hecho una transferencia en los últimos tres meses. En total, solo en los primeros nueve meses del año, se realizaron 500 millones de transacciones, que movieron 8.500 millones de dólares, un 142% más que en el mismo periodo del año anterior.

Los servicios de e-money se utilizan fundamentalmente para pagar facturas (desde la compra en el supermercado hasta la luz y el agua, pasando por el propio gasto del móvil) y para hacer transferencias, sobre todo pequeñas cantidades entre particulares, pero también a los organismos del gobierno. Menos desarrollo tienen aún los llamados “productos de segunda generación” (créditos y seguros), aunque se espera que este sector crezca en los próximos años.

Debido al rápido desarrollo de los servicios financieros a través del móvil, el año pasado el Banco Central de la región se vio en la necesidad de revisar el marco normativo, sobre todo con la intención de aumentar la seguridad de los usuarios. Los cambios introducidos aumentan la responsabilidad de los bancos (o los otros proveedores) en cuanto a la privacidad de los datos almacenados y la transparencia en sus cuentas. Para ello se han establecido auditorías internas y externas.

A pesar del auge del dinero electrónico en la región, el análisis de Koné señala algunos obstáculos para su pleno desarrollo: el elevado coste hace que los usuarios activos sean pocos proporcionalmente, y deja fuera a los que más se beneficiarían de estos servicios (el Banco Central está tratando de estimular la competencia en el sector para reducir precios); los conocimientos financieros de una parte de la población siguen siendo insuficientes; por último, la digitalización de los organismos oficiales esta aún muy poco avanzada.


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