Educación para la Ciudadanía, ¿nueva religión civil?

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Con motivo de la reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que ha declarado adoctrinador un manual de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, José Mª de Moya ha entrevistado a Andrés Ollero -catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos-.

Consciente de que la enseñanza no puede limitarse a la mera transmisión de conocimientos, Ollero no discute el hecho de que la escuela eduque en valores. El problema surge cuando se convierte en obligatoria una asignatura con planteamientos ideológicos.

Esto es lo que, a su juicio, ha ocurrido con Educación para la Ciudadanía (EpC). “Se ha pasado de una alternativa a la Religión a una asignatura obligatoria que entra absolutamente en terrenos morales debatidos en donde las posturas de la sociedad son particularmente polémicas -como es lógico- en una sociedad plural”.

Para Ollero, la alternativa a la asignatura de religión es la enseñanza aconfesional del fenómeno religioso, no el adoctrinamiento laicista. “El laicismo se convierte en religión civil, con una intención sustitutiva, aunque, a la hora de la verdad no pueden eliminar la enseñanza de la Religión dado que lo dice la Constitución en los artículos 16 y 27.3 y los acuerdos con la Santa Sede”.

Pero la polémica no sólo viene del carácter obligatorio de EpC; también es problemático el diseño de sus contenidos al margen de lo que piensan los padres. Precisamente porque la escuela “puede y debe ocuparse de los valores, debe ocuparse de los valores como los padres quieran”.

En este sentido, Ollero expresa su asombro ante el informe del Consejo de Estado que aseguraba que la educación sexual se iba a impartir de manera objetiva y científica. “La ciencia no puede dar educación sexual. La ciencia puede dar anatomía de la relación sexual, o fisiología, pero la educación no describe elementos físicos, sino que se dedica a exponer su sentido, y eso la ciencia no lo puede hacer”.

Respecto a la estrategia planteada por los contrarios a esta asignatura, Ollero cree que quienes recurrieron a la objeción de conciencia podían haber llegado más lejos. “Si uno objeta una ley, tiene que estar dispuesto a ir a la desobediencia civil, que consiste en que uno se niega a cumplir una norma, asume la sanción y convierte esa sanción en una especie de revulsivo moral de la sociedad”.


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