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Drogas y “fair play” en el deporte

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La exclusión del atletismo ruso de las Olimpiadas, a dos semanas del comienzo en Río, envía un fuerte mensaje de que el Comité Olímpico Internacional se muestra enérgico contra el dopaje. La situación podría empeorar para Rusia si el organismo decidiera dentro de unos días una exclusión total del deporte ruso de la cita olímpica. De hecho, las revelaciones del llamado informe McLaren hablaban de un dopaje de Estado que había permitido que se ocultaron 377 positivos de deportistas rusos de 20 deportes olímpicos de verano, no solo atletas.

A pesar de estas medidas, hay quien opina que la carrera antidopaje es un empeño inútil, y que más valdría una legalización controlada, para velar por la salud de los deportistas y eliminar la ventaja competitiva de los que se dopan sin ser pillados. Igual que tiempos atrás se renunció al amateurismo en el deporte olímpico, habría que ser realistas y reconocer la licitud de las sustancias que no son perjudiciales para la salud, pero mejoran el rendimiento de los atletas.

Los argumentos a favor y en contra de esta legalización se analizan en el artículo:

¿Puede ganarse la carrera antidopaje?
Pero ¿por qué tantos deportistas están dispuestos a utilizar sustancias prohibidas que pueden dañar su salud? ¿Por qué es tan fuerte hoy el atractivo del dopaje? En el clima cultural actual lo técnicamente factible tiende a verse como éticamente lícito; la competitividad a cualquier precio contamina también el fair play en el deporte; y el consumo de drogas y fármacos está cada vez más generalizado para estimular el rendimiento o superar problemas que exigirían un esfuerzo personal. Estos rasgos son comentados en:

El dopaje del éxito
La lucha contra el dopaje en el deporte es una lucha por la verdad en la competición, por la eliminación de ventajas injustas en la palestra deportiva. Curiosamente, este control antidopaje cada vez más estricto coincide con una mayor tolerancia hacia las ventajas que pueden disfrutar los deportistas transexuales al competir como mujeres cuando su sexo biológico es de varón. Para abrir cancha a los transexuales, el Comité Olímpico Internacional ha recomendado que a partir de ahora el criterio diferenciador no sea el sexo, sino los niveles de testosterona.

El dopaje de género
Si alguien representa la obsesión por ganar con ayuda de un dopaje metódico es el ciclista Lance Armstrong, que primero fue leyenda y al final un fraude. Su caso está bien contado en la reciente película de Stephen Frears, The Program.


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