Do fuir

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Autor: Andrés Trapiello

Andrés Trapiello
Pre-Textos. Valencia (2000). 553 págs. 4.500 ptas.

Con matemática puntualidad, continúa Andrés Trapiello (1953) la publicación de sus diarios, a tomo por año. Con Do fuir, la última entrega, son ya nueve los volúmenes que forman parte de Salón de pasos perdidos, lo que Trapiello ha denominado con el equívoco título global de "novela en marcha".

Las principales características de los diarios de Trapiello se mantienen en esta nueva entrega (ver, por ejemplo, los servicios 144/97, 59/98 y 74/99) y persisten en el resto de su producción literaria: en sus novelas (Días y noches, la última de ellas: ver servicio 128/00) y en sus tomos recopilatorios de sus ensayos de crítica literaria (la editorial Valdemar ha publicado recientemente Los caminos de vuelta, tercera entrega de estas características, que incluye muchos de los artículos que ha dedicado a sus autores preferidos: Galdós, Baroja, Cervantes, Unamuno, Gómez de la Serna...). Porque si algo sorprende de estos diarios, bastante voluminosos, es la fidelidad a unos mismos temas, a un mismo estilo y a una misma ambientación.

El lector de estos diarios acompaña a Trapiello a sus expediciones al Rastro madrileño a la caza de libros de viejo; transita por los espacios urbanos por Madrid hasta familiarizarse con su territorio vital; viaja a su casa de campo de Las Viñas, donde tienen lugar las evocaciones más líricas; asiste a las opiniones literarias que le suscitan algunas lecturas y a los enfados, traspasados de ironía, que le provocan algunas noticias o personajes del mundo literario... Los sucesos familiares, los imprevistos, los viajes para dar una conferencia, sus intervenciones en algunas polémicas periodísticas... quedan fijados de manera íntima en unos diarios donde el autor también se sincera sobre asuntos de su pasado, su tormentosa y no asimilada etapa en el seminario, que abandonó antes de ingresar en la universidad. De ahí procede, quizás, su punzante y previsible anticlericalismo, en la línea de las críticas que en su tiempo hizo Pío Baroja, uno de los autores que más elogia. Algunos de los dardos que lanza son mordaces, hirientes, aunque no se debe olvidar que los diarios se escriben precisamente, y entre otras cosas, para eso, para dar salida a los pensamientos más íntimos y personales, por muy polémicos que puedan parecer.

En líneas generales, salvo momentos puntuales y más o menos coléricos, es fácil identificarse con las opiniones de Trapiello, pues en ellas lo que predomina es el sentido común, la capacidad de observación, la franqueza y el frontal ataque a lo políticamente correcto, sea en el terreno que sea. Además, su prosa es inteligente y dúctil, lo mismo que su capacidad para convertir en personajes literarios los seres anónimos que aparecen y desaparecen de su vida.

Adolfo Torrecilla

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