“Diario de una amistad”: Karol Wojtyla y Wanda Poltawska

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Se ha traducido al italiano el libro “Diario de una amistad”, en el que la doctora polaca Wanda Poltawska cuenta su relación desde 1950 con Karol Wojtyla, cuando era un joven sacerdote que sanó su alma. La agencia Zenit publica una recensión de Renzo Allegri, de la que seleccionamos algunos párrafos.

Wanda Poltawska conoció a Karol Wojtyla en 1950 en Cracovia. Ella tenía 29 años, él 30. Wojtyla, sacerdote desde hacía cuatro años, era asistente de los jóvenes estudiantes universitarios, y Wanda, ya licenciada en Medicina, frecuentaba los cursos de Psicología y Psiquiatría.

Tenía a sus espaldas una terrible experiencia. Durante la invasión nazi de Polonia, fue enviada al campo de concentración de Ravensbrück, donde ella y algunas otras compañeras fueron escogidas como conejillos de indias para experimentos médicos.

Wanda sobrevivió de milagro. De vuelta a casa, era una sombra humana. En 1950 encontró a Karol Wojtyla, que se convirtió en su confesor y director espiritual. Fue él quien “curó” su alma y la ayudó a volver a encontrarse a sí misma y recuperar la confianza en su prójimo.

Y Wojtyla entendió que aquel encuentro no era casual. Habituado a ver las cosas desde un punto de vista místico, se convenció de que los terribles sufrimientos que aquella joven mujer había sufrido y soportado no eran algo que se refiriera sólo a ella misma.

Se lo reveló él mismo a la doctora el 20 de octubre de 1978, cuatro días después de ser elegido Papa. En una larga y bellísima carta, quiere afrontar abiertamente el tema de su amistad. Allí escribe: “Durante más de veinte años, desde que Andrzej [su esposo] me dijera por primera vez: ‘Duska es una Ravensbrück’, nació en mí conciencia, la convicción de que Dios me daba y me asignaba a ti, para que en cierto sentido yo ‘compensara’ lo que habías sufrido allí. Y pensé: ella ha sufrido en mi lugar. A mí Dios me ha ahorrado esa prueba porque ella estaba allí. Si pudiera decir que esta convicción fuera ‘irracional’, aun así siempre estuvo en mí, y continúa permaneciendo. Sobre esta convicción se desarrolló gradualmente toda la conciencia de la ‘hermana’. Y también ésta pertenece a la dimensión de toda la vida. Y todavía continúa permaneciendo. ¡Mi querida Dusia! Toda esa dimensión permanece en mí y debe permanecer en ti. Siempre ha estado arraigada y ‘fijada’ en Dios, en su gracia; ahora debe fijarse todavía más”.

El libro contiene muchos escritos inéditos de Wojtyla, reflexiones, apuntes, sugerencias para la vida espiritual y sobre todo varias cartas. Se trata de una colección de apuntes, de impresiones, que la doctora Poltawska fijó en varios cuadernos durante años, una especie de diario, del que ha salido este libro.

Ella indicaba los temas de las meditaciones cotidianas y ponía por escrito los pensamientos y las reflexiones que hacía, enviándolos después al director espiritual, que valoraba, sugería y guiaba hacia nuevos objetivos interiores. Y él mismo enviaba sus propios apuntes sobre esos temas, casi como comparándose.

Una larga ascesis, que la doctora Poltawska vivió junto a su marido, Andrzej, y su propia familia, y, se puede decir, también junto al mismo Wojtyla, que quiso hacerse, con ellos y por ellos, “hermano” y “compañero de viaje” en el camino hacia Dios.

Y fue el mismo Juan Pablo II, que había leído los cuadernos de apuntes, quien sugirió que se hiciera una publicación, extrayendo lo que se considerara útil.

En junio del año pasado, cuando el libro se publicó en Polonia, muchos juzgaron inconveniente que Karol Wojtyla hubiera cultivado una amistad tan profunda con una mujer hasta el punto de continuar escribiéndole cartas también de Papa.

Otros condenaron a la doctora Poltawska, acusándola de protagonismo y de deseos de publicidad, por haber hecho públicas aquellas cartas que, según ellos, debían permanecer secretas, y afirmando que la publicación podría incluso perjudicar la causa de beatificación de Juan Pablo II. Por fortuna, esto no sucedió.

La Iglesia, en sus representantes cualificados para ello, estaba al corriente del contenido del libro, lo había ya examinado y no ha tenido ninguna consecuencia negativa sobre el proceso que, tras el examen de la vida y de los escritos de Wojtyla, ha concluido con el decreto de reconocimiento de las virtudes heroicas firmado por Benedicto XVI a mitad del pasado diciembre.


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