El Observatorio

Devolver a la autoridad su prestigio

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Eliane Glaser, autora del libro Anti-Politics: On the Demonization of Ideology, Authority and the State, escribe en The Guardian sobre la cultura postautoritaria en la que vivimos.

Glaser comienza su comentario explicando que la deferencia se ha descartado en casi todos los ambientes: tanto en la educación como en las empresas y en la política. En esta última, ni la derecha ni la izquierda han acertado a proponer formas de autoridad positiva. En el caso de la izquierda, explica que los progresistas muchas veces evitan definir qué está bien y qué está mal. Pero “sin liderazgo es imposible producir un cambio coherente y sostenible”, dice.

Muchos políticos de izquierda, añade, recelan de la autoridad y denuncian que los servicios sociales tratan a los ciudadanos con paternalismo, como a inferiores. Pero el principio básico de la protección social no es considerar a los adultos como niños, sino reconocer que los humanos necesitamos de cuidados. Como recordaba Hannah Arendt en su ensayo La crisis de la educación, la autoridad no es paternalista: indica que alguien está asumiendo la responsabilidad.

Tal y como lo reconocemos cuando necesitamos de un médico que se haga cargo de nosotros, la autoridad del experto no es excluyente ni degradante: amplía nuestras posibilidades. Glaser cuenta que cuando ella estaba en el colegio, quería aprender sobre formaciones rocosas; sin embargo, sus profesores progresistas reemplazaron la transmisión de contenidos por ejercicios de habilidades y juegos de rol, por lo que tenía que imaginarse como directora de una central eléctrica. Pero ella no tenía conocimientos suficientes para aprovechar este ejercicio ni para aprender nada de él. Esto ocurre cuando nos “libramos” de la autoridad de maestros, científicos y representantes electos: todo se vuelve opinable.

Finalmente, explica que esta no es una llamada a respetar toda autoridad de manera incuestionada, sino a respetar una autoridad que se gane, se mantenga y se someta a crítica. A pesar de sus defectos, la política es necesaria, y la izquierda está cometiendo el grave error de confundir las instituciones políticas con la reciente corrupción causada por factores específicos.

“Es momento de defender la buena autoridad en la vida pública y privada. El problema, tanto para los padres como para los políticos, es que hemos dejado de considerar a la autoridad como legítima”. Ahora, el reto es restablecer esta legitimidad y encontrar nuevas formas de constituir una autoridad basada en el conocimiento, la experiencia y la conducta, y que a su vez tenga que dar cuenta de ello ante un público escéptico.

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