El Observatorio

Deuda griega y desmemoria alemana

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Mientras las negociaciones entre Grecia y sus acreedores se tambaleaban en su camino hacia el fracaso, y culminaban el domingo en un sonoro rechazo de los griegos a las condiciones que se les planteaban a cambio de una línea de ayuda financiera, una foto antigua volvió a salir a flote en Internet.

La imagen muestra a Hermann Josef Abs, jefe de la delegación de la República Federal Alemana, en febrero de 1953 en Londres, firmando un acuerdo que efectivamente dejaba en la mitad el monto de toda la deuda germana a sus acreedores externos.

Según explica Eduardo Porter en The New York Times, todavía la foto tiene ecos. Para los críticos de Alemania, es una réplica directa: el principal acreedor que quiere hacer pagar a los griegos por sus pasados dispendios, se benefició en su día de una indulgencia que ahora niega.

Pero el comentarista subraya sobre todo que la pasada condonación parcial a Alemania es un ejemplo, entre otros, de crisis de deuda soberana exitosamente resueltas. “He visto esta película ya muchas veces”, dice Carmen M. Reinhart, profesora de la Kennedy School of Government, en Harvard, quien es tal vez la principal experta mundial en crisis de deuda soberana. Estas crisis, señala, se resuelven únicamente después de sustanciosas quitas en los valores nominales de la deuda. Y mientras más se demora la inevitable quita, más cara sale.

Estas crisis se resuelven únicamente después de sustanciosas quitas. Y mientras más se demora la inevitable quita, más cara sale

Es una lección general sobre la naturaleza de la deuda. Desde los impagos de más de una docena de países durante la I Guerra Mundial hasta las quitas aplicadas por el secretario del Tesoro Nicholas Brady a principios de los años 90, que acabaron con una década de alto endeudamiento y nulo crecimiento en América Latina y otros países en desarrollo, es una lección que debe ser impartida una y otra vez.

Dos de estos episodios fueron precedidos por una década o más de negociaciones y planes de reprogramación que, sin diferencia alguna con los programas del primer rescate a Grecia, prorrogaron el vencimiento de las deudas y bajaron sus tipos de interés. Pero las crisis se terminaron y las economías mejoraron solo después de que la deuda fuera recortada.

En un estudio reciente, Reinhart y el académico Christoph Trebesch, de la Universidad de Munich, encontraron notables recuperaciones económicas tras el Plan Brady, que disminuyó la carga de los países endeudados en un promedio del 36%. “Maneras más ligeras de aliviar la deuda, como la prórroga de los vencimientos y las reducciones de las tasas de interés, no son seguidas por lo general por un mayor crecimiento económico o por mejores condiciones crediticias”.

“Prorrogar y fingir”

A los acreedores, por supuesto, no les gustan los deudores que reducen el valor de sus deudas. Pero no es así como Alemania y sus aliados justifican su postura. Se decantan más por el argumento del “riesgo moral”: si se le ofreciera a Grecia una manera fácil de deshacerse de su deuda, ¿qué le evitaría nuevamente vivir la buena vida a costa del dinero de otros? ¿Qué clase de mensaje enviaría esto a, por ejemplo, Portugal?

Alemania, dice Porter, entiende el riesgo moral al revés. En realidad, el peligro está en cubrir las pérdidas de los acreedores: los animaría a conceder préstamos insensatos otra vez. Y eso es lo que han hecho los acreedores europeos. Su asistencia financiera a Grecia estuvo encaminada a pagar a los bancos e inversores franceses y alemanes que poseían deuda griega.

Según Adam S. Posen, director del Peterson Institute for International Economics, los acreedores de Grecia no estaban preparados para encajar las pérdidas con Grecia y rescatar sus propios sistemas bancarios. Así, recurrieron a lo que Posen llama “extend and pretend” (“prorrogar y fingir”). “Hubo un incentivo increíblemente fuerte para no reconocer las pérdidas”, dice. Al final, los gobiernos “harán cosas más caras, con tal que no aparezcan las pérdidas en los balances”.

Hay algunas razones para el optimismo. Hoy, el riesgo de contagio desde Grecia es bajo, según Reinhart. Otros países periféricos de Europa están en mejor forma, e incluso los economistas del FMI reconocen que quizás no haya otro camino que una quita de deuda a Grecia. El costo para los acreedores europeos sería pequeño.


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