Detroit: Become Human

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Género: Drama.
Desarrolladora: Quantic Dream.
Distribuidora: PlayStation España.
Plataformas: PS4, PS4 Pro.
Plataforma analizada: PS4.
Idioma: Totalmente en castellano.
PEGI: 18+ (violencia, lenguaje soez).
Precio: 59,90 €.
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Quantic Dream, bajo la batuta de David Cage, se ha especializado en videojuegos de gran calado moral en los que hay que tomar decisiones complicadas que pueden cambiar el resultado final del juego. Heavy Rain y Beyond: Dos Almas fueron claros ejemplos de ello, pero siempre había algún pero que empañaba el resultado final y lo lastraban.

Con casi todas las lecciones aprendidas –sigue habiendo algún que otro giro de guion muy cuestionable–, Detroit: Become Human nos plantea una temática que no es nueva (las consecuencias de la tecnología de altísima calidad en la vida humana), pero la lleva al terreno más emocional, moral y profundo posible.

Para ello ha escogido a tres androides como protagonistas a los que iremos manejando de forma alterna: Connor, Kara y Markus. El primero es un robot especializado en negociar y en investigar situaciones delicadas, la segunda es una robot que ejerce de canguro de una niña pequeña, y el tercero es el cuidador de un hombre mayor muy enfermo.

Nuestra misión no es encontrar ningún tesoro ni acabar con ningún jefe final, sino elegir la forma en que se desenvuelve la historia a base de distintas decisiones durante los numerosos capítulos en los que se divide la historia. Las decisiones son muy variadas: desde elegir el tono de una pregunta o una respuesta a encontrar una serie de pistas tras analizar una situación, todo ello ejecutado con los clásicos “QuickTime Events”, esto es, pulsar una serie de botones en el momento concreto. Tanto si lo logramos como si no, el resultado será uno u otro.

Hay, literalmente, centenares de caminos posibles, por lo que se asegura una rejugabilidad gigantesca, ya que todos los capítulos se pueden rejugar para ver sus distintos finales. Sin embargo, se recomienda encarecidamente jugar la primera vez sin probar más opciones y aceptar la historia que salga.

A nivel técnico, Quantic Dream vuelve a demostrar que a nivel fotorrealista no les gana nadie y entrega unos rostros tan llenos de detalles que el concepto de ‘película interactiva’ vuelve a hacerse presente. Los entornos también están hechos con un cuidado enfermizo y el doblaje al castellano es sobresaliente, aunque algunas interpretaciones a veces pequen de falta de intensidad.

Sus duras temáticas lo alejan del público más joven, pues, sin entrar en detalles escabrosos, aborda situaciones tremendamente dramáticas. Por ello se recomienda a mayores de edad.


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