De Navidad cristiana a fiestas paganas nazis

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Colonia. “Al igual que la dañina influencia de los astrólogos, adivinos y demás charlatanes es reprimida por el Estado, también hay que eliminar totalmente las posibilidades de influencia de la Iglesia. Solo cuando esto haya sucedido, la dirección del Estado tendrá una influencia completa sobre cada uno de los componentes del pueblo”. Así escribió en 1942, en una nota oficial, Martin Bormann, secretario de Hitler. Existen bastantes testimonios de que el nazismo consideró a la Iglesia católica como uno de sus principales enemigos.

El nazismo intentó desvirtuar las fiestas de Navidad para sustituirlas por su propia ideología

El nacionalsocialismo fue, más que una ideología política, una auténtica religión secular. No solo persiguió a la Iglesia (en el campo de concentración de Dachau estuvieron prisioneros 2.579 sacerdotes de 24 países, de los cuales 1.034 fueron asesinados), sino que trató de sustituir el cristianismo, al que consideraba como una “secta del judaísmo”, por una “religión germánica”. Por ejemplo, en los castillos destinados a la formación de los cuerpos dirigentes del nazismo se instalaron “lugares de culto germánico”.

Fiesta del solsticio de invierno

Otra de las estrategias destinadas a tal política fue adueñarse de la Navidad, trasformar la Navidad cristiana en una “Navidad alemana”, “Fiesta de Yule” o “Fiesta del solsticio de invierno”. Así lo demuestra una exposición muy documentada, que se presenta en la EL-DE-Haus de Colonia, el inmueble donde tuvo su sede (y sus mazmorras) la Gestapo en la ciudad y que está dedicado a museo sobre la persecución durante el nacionalsocialismo.

Tras el capítulo dedicado a la “Navidad en el Kaiserreich”, que se centra particularmente en las Navidades durante la Primera Guerra Mundial, la exposición documenta el intento de trasformar las fiestas cristianas en una fiesta pagana. Por ejemplo, la corona de Adviento, que en Alemania tiene gran raigambre y simboliza los cuatro domingos de Adviento, pasó a representar las “cuatro estaciones”. Además, en lugar de la corona clásica de ramas de abeto que sirve de estructura portante a las cuatro velas, se impusieron “formas alternativas” como la rueda del sol o decoraciones “vikingas” que simbolizaban el origen germánico; en otros casos se empleó una peana en forma de cruz gamada.

Un caso extremo de introducción de símbolos paganos es el “Julleuchter” (Candelero de Yule). Este candelero de arcilla, decorado con runas germánicas, estaba relacionado con la “fiesta del solsticio de invierno”. Aunque se trata de un símbolo antiguo, el nazismo se apropió de él: Heinrich Himmler los ordenó producir entre 1935 y 1945 como “regalo de Navidad” a miembros de las SS. Precisamente, la estrecha relación entre este símbolo pagano y el cuerpo del terror nacionalsocialista llevó a que después de 1945 fueran destruidos casi en su totalidad. Sin embargo, en la exposición puede contemplarse un “candelero de Yule” original. Sorprendentemente, quizá debido a los esfuerzos actuales por desvirtuar el carácter cristiano de la Navidad, dichos candeleros vuelven a fabricarse hoy en día.

Villancicos sin contenido cristiano

Entre las medidas que tomaron los nacionalsocialistas para transformar la Navidad en una fiesta pagana se cuentan -y de ello da testimonio la exposición de Colonia- la selección de canciones de Navidad (villancicos), que se despojaron de todo contenido cristiano. Textos como “Hohe Nacht der klaren Sterne” (“Noche sublime de estrellas claras”) hablaban más de los fenómenos de la Naturaleza que del nacimiento del Hijo de Dios. Por supuesto, la representación del pesebre no era vista con buenos ojos por los nazis, quienes sustituyeron al Niño Jesús en el pesebre por un “cuento del niñito en la cuna dorada”.

En este contexto resulta especialmente emotiva una tosca representación del Nacimiento elaborada por un sacerdote en Stalingrado, donde las tropas alemanas pasaron las Navidades de 1942 envueltas en el movimiento de tenaza del Ejército Rojo. Milagrosamente, ese Nacimiento pudo salvarse con los últimos que lograron salir de Stalingrado y puede contemplarse en la exposición.

Otra decoración para el árbol de Navidad

El árbol de Navidad estaba demasiado arraigado en la cultura popular alemana como para ser prohibido; sin embargo, los nazis se esforzaron por cambiar su significado. En un escrito de 1937 se dice: “El símbolo sin el cual no nos podemos imaginar una fiesta alemana de Navidad es, sin duda, el árbol. El pino o abeto siempre verde, decorado con velas, manzanas o nueces, se ha convertido en la esencia de nuestras costumbres navideñas. Para nosotros resulta tan inimaginable que la fiesta de Navidad tenga un profundo contenido relacionado con una religión surgida en el Oriente como que un abeto alemán pueda tener algo que ver con el pesebre en el portal de Belén” (Friedrich Rehm, 1937).

Las estrellas, las figuras con angelotes y aun las bolas del árbol estaban mal vistas... hasta que algún comerciante imaginativo comenzó a producir bolas con cruces gamadas y otros símbolos “germánicos”. Entre los nazis tuvo mucha difusión como decoración para el árbol de Navidad la “rueda del sol”, que se asemejaba a la esvástica. En lugar del Nacimiento que las familias cristianas ponen a los pies del árbol de Navidad, los nazis introdujeron un “jardín de Navidad”.

La exposición del EL-DE-Haus de Colonia reúne un nutrido grupo de testimonios de cómo el nazismo intentó adueñarse de las fiestas de Navidad para sustituirlas por su propia ideología. Un ejemplo que resulta aleccionador en una época en que vuelve a intentarse despojar la Navidad de su esencia cristiana.


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