Cuestiones de lealtad

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Autor: Albert Calsamiglia

Albert Calsamiglia
Paidós. Barcelona (2000). 176 págs. 1.900 ptas.

Obra póstuma del recientemente fallecido Albert Calsamiglia, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

En este libro, breve pero enjundioso, el autor afirma que las actuales democracias necesitan educar a sus ciudadanos en la lealtad si quieren evitar la corrupción. Partiendo de una defensa de las tesis liberales, Calsamiglia demuestra cómo el liberalismo debe asumir valores como la lealtad al grupo y las particularidades culturales.

Entre los liberales se ha tendido a rechazar la lealtad política o al grupo por entender que lleva a la sumisión y propicia el totalitarismo. Calsamiglia rompe con estas interpretaciones y demuestra que lo negativo no es la lealtad en sí, sino la lealtad ciega, frente a la que contrapone la lealtad crítica. Hace ver cómo la corrupción no es privativa de las tiranías, sino que se da también en las democracias. Explica luego por qué la lealtad tiene mala prensa en el mundo liberal: porque se la asocia con particularismo y desigualdad, cuando no con el nacionalismo, y con vinculaciones personales equivalentes al amiguismo, la parcialidad o el sectarismo. Frente a esto, Calsamiglia sostiene que "la lealtad ocupa un lugar importante en las prácticas sociales y debería incorporarse a la filosofía liberal".

En definitiva, la lealtad es compatible con tratar con justicia e igualdad a todos. Calsamiglia achaca a la nueva mentalidad liberal de mercado el hecho de que hoy la lealtad no esté de moda.

Se enfrenta el autor a continuación con el difícil tema de la lealtad a la nación y propone superar las antítesis entre universalismo y nacionalismo, añadiendo nuevos elementos teóricos que permitan integrar ciertos trasfondos nacionales de los individuos.

En el polémico tema de los derechos colectivos como enfrentados con los derechos individuales, rompe una vez más con la dicotomía, afirmando que desde la defensa de los derechos individuales se puede justificar los derechos culturales de las minorías como modo de poner en práctica los derechos individuales de quienes pertenecen a grupos minoritarios.

María Elósegui Itxaso

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