Crisis de la república

Crises of the Republic

Página 1

Autor: Hannah Arendt

Trotta.
Madrid (2015).
182 págs.
16 € (papel) / 9 € (digital).
Traducción: Guillermo Solana Alonso.

La altura especulativa de Arendt no estaba reñida con su curiosidad por la actualidad ni con su interés por comprender la acción humana a partir de los fenómenos históricos o políticos que le tocó vivir. Los textos y la entrevista recogidos en Crisis de la república versan sobre hechos importantes en su momento –la Guerra de Vietnam o los movimientos de protesta de los sesenta, por ejemplo–, que la filósofa alemana analiza y en los que encuentra la excusa para defender su visión republicana de la política.

Arendt defiende la peculiaridad de la acción política y critica tanto la tendencia tecnocrática del poder como la disolución de su ejercicio en formas más o menos especializadas de marketing. Tanto en “Sobre la mentira en política” como en “Sobre la violencia”, dos de los ensayos aquí reunidos, propone una reestructuración horizontal del poder que devuelva el protagonismo a los ciudadanos y que libere el espacio público de las trabas impuestas por el régimen de partidos, la propaganda o la ideología. Al descargar la esfera pública de la dictadura de los intereses privados, los ciudadanos encontrarán cauces para actuar concertadamente, que es, a su juicio, el sentido del poder político.

Las advertencias de Arendt contra los excesos del cálculo y el engaño político eran pertinentes en su momento y lo son ahora. El déficit de legitimidad, según la autora, no se puede remediar desde las instancias gestoras, pues la legitimidad brota de la fuente comunitaria del poder. La distinción entre poder y violencia que elaboró se ha convertido en canónica y es todavía aplicable a los regímenes políticos, pero más que la incompatibilidad entre política y violencia, su tesis más actual es que sin una ciudadanía activa, el poder se debilita.

Al margen de la obsesión de Arendt por “politizar” todo fenómeno humano, es plausible su insistencia en que el ciudadano debe asumir un verdadero protagonismo político, más allá de las citas electorales, y constituir asociaciones comunitarias en las que exprese opiniones comunes y se destilen intereses generales. Es quizá una de las maneras más directas y accesibles para regenerar la vida política, sin que ello implique desechar las instituciones representativas. 


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.