Cordura editorial

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El filósofo Eugenio Trías toma pie de un reciente escándalo provocado en España por un plagio literario para reflexionar sobre un modelo editorial deseable (El Mundo, 26 octubre 2000).

Quizás convenga de una vez denunciar una tiranía que afecta a ésta, y a la cultura, o subcultura, en general: me refiero a la tiranía de los índices de audiencia. O a la confusión, letal en toda cultura, pero sobre todo en libros, entre los índices de venta masiva y los criterios de calidad. Quizás convenga recordar de nuevo algo tan sencillo como el hecho, una y otra vez repetido, de que la venta arrolladora no es sinónimo de calidad, o de que ésta puede soportar muchas veces un modo discreto de comportamiento del público lector. (...)

Que un libro de muchas ventas pueda ser horroroso y decepcionante no es excepción; no es noticia; que sea también un excelente libro, es algo que puede suceder. Aunque lo valioso, como todo lo fecundo, suele estar con frecuencia en lo que los antiguos llamaban el justo medio (Platón, Aristóteles): una zona templada y magnífica en la que se responde discretamente a los reclamos comerciales y en la que también queda asegurada la pertinencia y el valor. (...)

Pongo por ejemplo la existencia de librerías medianas de tamaño, pero en las que se mantienen criterios de calidad, regentadas por personas que aman el oficio, como las que son el orgullo de mi ciudad (Barcelona), una ciudad que, exceptuando este ámbito tan neurálgico para la salvaguarda de la cultura que queremos, no atraviesa precisamente uno de sus mejores momentos culturales. (...)

Hay demasiada entropía y proceso inflacionista en la producción; y sobre todo excesiva incompetencia en la gestión. Eso provoca en muchos desánimo y pérdida de esperanza: en el mejor público, desde luego; y en muchos buenos escritores que, sin embargo, prefieren una travesía discreta a ese Minuto de Gloria muchas veces reservado a la gran picaresca que abunda con excesiva presencia y virulencia en este mundo. Pues a veces la cultura, incluso la libresca, en virtud de su poderosa influencia, reclama, cual El Dorado, unos apremios con vistas al rápido enriquecimiento y a la fácil ganancia que en sectores más asentados y aposentados de la trama mercantil se han mitigado y moderado por hábitos de calidad.


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