El Observatorio

Contra el fanatismo religioso, tradición y estudio

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Jonathan Sacks, ex rabino jefe de Inglaterra, ha publicado un libro titulado Not in God’s name (No en el nombre de Dios) que pretende explicar la violencia por motivos religiosos y ofrecer modos de “desenmascararla”. La principal tesis es que el fanatismo deriva de una interpretación errónea de los textos sagrados. Por eso, la respuesta no es más secularismo, sino más tradición.

Para tergiversar no hace falta inventarse palabras nuevas. Tampoco es necesario realizar retorcidos ejercicios de exégesis: basta con hacer una lectura literal de la escritura, obviando el contexto de toda la obra. Para Sacks, al desligar un determinado pasaje del “diseño global” que está detrás del libro sagrado, se desnaturaliza su significado real.

Como Sacks es judío, toma un ejemplo de la biblia hebrea: las guerras libradas por los israelitas contra otras naciones podrían entenderse, fuera de contexto, como una apología de la violencia “por designio divino”, pero si se leen en conjunto cuentan una historia distinta: la del declive del militarismo desde el Génesis hasta Isaías; cómo “el pueblo de la espada se convirtió poco a poco en el pueblo del libro”.

En esta labor de interpretación han jugado un papel importante los rabinos, que con el tiempo han ido formando un cuerpo de tradición, es decir, han ido “desentrañando” el significado que ya estaba, aunque velado, en las escrituras. De igual manera, Sacks piensa que el Islam necesita pasar por una forma de “ilustración” que lo purifique y lo devuelva a sus raíces, pues “el radicalismo no es su voz tradicional”.

Para Sacks, la dialéctica de la confrontación, que lleva a dividir el mundo entre “los míos” y los demás, no es algo específico de las religiones, sino que está inscrita en nuestra naturaleza humana, en cuanto que somos “criaturas tribales”. El judaísmo y el cristianismo se han desprendido de esta retórica, en parte como consecuencia de haber sufrido el fanatismo desde dentro (por ejemplo, durante las guerras de religión). El Islam lo está padeciendo actualmente, y cabe esperar que aprenda de esta experiencia.

Sin embargo, no todo es cuestión de dejar pasar el tiempo. Como señala Sacks, es imprescindible que exista una tradición interpretativa, y que tenga cierto carácter normativo. Sin un empeño exegético y sin una autoridad que lo dirija y ordene, resultará mucho más difícil recuperar la verdadera voz del Islam.

En Turquía, representantes de las confesiones cristianas más representativas han mostrado un ejemplo del “escrutinio interno” que Sacks recomienda al Islam. Jerarcas ortodoxos, evangélicos y católicos han formado equipo para redactar el libro Principios básicos del cristianismo, presentado recientemente. Se pretende que sirva como guía a los musulmanes del país que deseen conocer, de una fuente autorizada, cuáles son las enseñanzas de este credo.

La iniciativa surgió en 2002, cuando el entonces Ministro de Educación pidió a varios profesores de colegios armenios algunas aclaraciones sobre la doctrina cristiana para la confección del libro de Cultura Religiosa y Ética, una asignatura obligatoria en casi todas las escuelas de primaria y secundaria. Estos consultaron a su vez al patriarca armenio, que invitó a Bartolomé I, patriarca de Constantinopla, a sumarse a la iniciativa. Se acabó formando una comisión con miembros de otras comunidades y confesiones. Después de terminar el primer encargo, siguieron reuniéndose, ya con la idea de unir en un libro los principios básicos del cristianismo. También han preparado libros de texto para los estudiantes que cursan Religión Cristiana como asignatura optativa.


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