Cómo cambiará a la Iglesia en Irlanda el referéndum del aborto

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Dublín.— El pasado 25 de mayo, los irlandeses acudieron a las urnas para decidir si revocaban la conocida como Octava Enmienda de la Constitución, que garantiza el respeto a la vida del no nacido (el “Sí” al aborto), o si mantenían el precepto constitucional a favor de la vida (“No”). El resultado del referéndum fue que un abrumador 66% a favor del Sí, frente a un 34% del No. La magnitud de la victoria tomó a todos por sorpresa.

Los partidarios de legalizar el aborto fueron mayoría entre los jóvenes: el 87% de los de 18 a 24 años votaron por revocar la cláusula provida, mientras que entre los contrarios el grupo mayoritario fueron los de 65 o más años, según un sondeo a pie de urna. Además, más mujeres que hombres votaron a favor del aborto –72% contra 66%–. Y solo en uno de los 26 condados del país, Donegal, ganó el No.

¿Por qué fue tan rotundo el resultado?

Los líderes de los principales partidos políticos respaldaron vivamente la campaña para eliminar la Octava Enmienda, en particular el jefe del partido en el gobierno, el Fine Gael. Todos los principales medios de comunicación estaban abierta o encubiertamente a favor de dicha campaña. Varias celebridades irlandeses, como Bono, Saoirse Ronan, Liam Neeson y Cillian Murphy, aparecieron en anuncios en defensa del Sí.

Los provida han llevado a cabo una campaña valiente y muy profesional, a pesar de haber tenido a los principales medios de comunicación en contra

La campaña también contó con el apoyo de buena parte de la intelectualidad del país –en la medida en que puede decirse que Irlanda tiene una intelectualidad, dado que la corrección política domina el debate público y quizás incluso el pensamiento privado–. Dos semanas antes de la votación, Facebook prohibió todos los anuncios publicitarios extranjeros sobre el tema, mientras que Google vetó los de todas las fuentes, un paso claramente diseñado para favorecer a los del Sí, dado que tenían virtualmente cautivos a todos los medios de comunicación locales.

La campaña del No estaba peleando una batalla perdida desde el comienzo, pues iba contra todas las fuerzas de lo que es, en esencia, el nuevo e inexpugnable establishment liberal. Los provida llevaron a cabo una campaña valiente y muy profesional a pesar de esto, y a pesar de la destrucción frecuente de sus vallas publicitarias y de la nada disimulada animosidad contra ellos en entrevistas y debates de radio y televisión.

¿Cuál es el próximo paso en la legalización del aborto?

El gobierno irlandés muy pronto llevará al Dáil (el Parlamento) un proyecto de ley, pero hasta que ello ocurra, la actual ley se mantendrá vigente. La iniciativa del ejecutivo hará accesible el aborto dentro de las primeras 12 semanas de embarazo, sin restricciones.

También se pronostica, a pesar de que lo niegan, que el aborto se legalizará por motivos de discapacidad, y tal vez más allá de las 12 semanas. Es difícil ver cómo pudiera ser de otra manera, dado que la campaña del Sí se levantó sobre argumentos que justificaban el aborto hasta el momento del nacimiento, entre ellos el de la elección personal (el “derecho a decidir” fue el asunto más importante de la campaña para el 62% de los votantes), el de la “confianza en las mujeres” y el de no ejercer de “policías” del cuerpo de estas.

Por otra parte, el resultado del referéndum ya ha derivado en llamados a abolir las leyes provida de Irlanda del Norte. Sus políticos están bajo presión para introducir el aborto también allí.

¿Qué importancia tiene este voto para Irlanda?

La periodista Una Mulally, partidaria del aborto, sintetiza así su relevancia en The Irish Times: “El período de relevo ha terminado. La ficción de una Irlanda conservadora, dogmáticamente católica se ha hecho añicos. Atrás queda el pasado, y ahora empieza un nuevo legado. Un legado de compasión, empatía y madurez; el país se hace responsable del cuidado y de la salud de las mujeres y las niñas. Este referéndum supone una sacudida radical. Pero más impactante aún ha sido el hecho de caer en la cuenta de que este voto estaba reflejando el cambio, y no solo promoviéndolo”.

El catolicismo irlandés ha estado marcado por una docilidad ingenua y acrítica a la jerarquía, y por la falta de compromiso con la vertiente más intelectual de la fe

Aunque el optimismo de Mulally acerca del trato a las mujeres en Irlanda parece un poco ingenuo (por ejemplo, en la misma semana del referéndum dos jóvenes fueron asesinadas de forma extraña y brutal en Dublín), está bastante en lo cierto cuando dice que la ficción de una Irlanda católica está superada. Aprobado justo después de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en el referéndum de 2015, este abrumador apoyo al aborto confirma el hecho de que la “católica Irlanda” pertenece al pasado.

El catolicismo irlandés forjado tras la independencia de Irlanda estuvo marcado por una docilidad ingenua y acrítica a la jerarquía, y por la falta de compromiso ーo quizá de confianzaー con la vertiente más intelectual de la fe. Paradójicamente, la misma ingenuidad y docilidad acrítica parece estar funcionando en la post-católica Irlanda, pero dispensada ahora a nuestros nuevos maestros. Es un poco preocupante. Resulta que la censora intolerancia que dejó su impronta en algunos ámbitos de la católica Irlanda ha encontrado su réplica en los medios irlandeses.

En estos momentos, en el lado del Sí hay quienes sugieren que sus adversarios no deberían tener una plataforma pública; y así, Mulally se sorprende de que la “camarilla de fundamentalistas marginales” que dio su apoyo al No llegaran a “lograr semejante eco y acceso ilimitado a los medios”. No parece improbable suponer que habrá medidas, incluso legales, para restringir las voces discrepantes en la sociedad irlandesa. Y dada la rotunda derrota que sufrió la discreta voz de los provida, no sería alarmismo decir que Irlanda pronto introducirá otras leyes permisivas, incluida la de la eutanasia.

¿Dónde deja este resultado a la Iglesia católica?

Irlanda se encuentra en la anómala situación de convertirse rápidamente en una de las sociedades más secularizadas del mundo, mientras conserva trazas del catolicismo cultural. Grupos de estudiantes escolares podrán llevar alegremente pegatinas en sus uniformes, bordados con un lema que dice: Cruci dum spiro fido (“Mientras respire, confío en la Cruz”); los padres podrán llevar a sus hijos a hacer la Primera Comunión un sábado por la mañana, y al día siguiente, saltarse la misa dominical; políticos con un papel destacado en la campaña a favor del aborto, podrán tener al mismo tiempo un lugar destacado en la celebración de los sacramentos en sus parroquias…

Cada vez hay más conciencia de que esta anomalía debe parar; de que la Iglesia debe cortar por lo sano con el catolicismo cultural… por el bien de todos los afectados. Los católicos fervorosos están diciendo que la Iglesia debe reducirse, para adaptarse a la realidad actual de una Irlanda post-cristiana y secularizada. La “ficción” de la Irlanda católica de la que habla Mullaly ciertamente se ha derrumbado, y la Iglesia debe tomar conciencia de ello.

Irlanda se encuentra en la anómala situación de convertirse rápidamente en una de las sociedades más secularizadas del mundo, mientras conserva trazas del catolicismo cultural

Claro que tendrá que armarse de valor para acabar con la farsa del catolicismo cultural; el obispo de Waterford, Phonsie Cullinam, ha tenido que aguantar críticas por decir que en su diócesis los padrinos de confirmación debían ser católicos practicantes. John Halligan, secretario de Estado de innovación, quien hizo campaña a favor del aborto y se declara ateo, se quejó de que fuera excluido como padrino de confirmación y lo atribuyó a una mezquina táctica provida.

A la vista de la deformación de las conciencias que puede traer semejante catolicismo cultural tanto para los católicos devotos como para los no practicantes, la tarea de reevangelizar a Irlanda no puede empezar mientras estas engañosas prácticas sigan tan enraizadas en la vida irlandesa. Esta puede ser una de las bendiciones más importantes que traiga el referéndum. En este sentido, el trágico resultado del 25 de mayo es una oportunidad para que la Iglesia en Irlanda se replantee su relación con la sociedad irlandesa. Unas palabras de Joseph Ratzinger, pronunciadas en 1969 en un programa de radio, resumen bien la dolorosa, pero a fin de cuentas positiva, posición en que se encuentra ahora la Iglesia en Irlanda:

“De la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros. (...) Será una Iglesia interiorizada (...) El proceso de la cristalización y la clarificación le costará también muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños”.

Gavan Jennings es director de la revista Position Papers


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