El Observatorio

Comadrona sueca lucha contra la discriminación

Página 1

El gobierno sueco ha puesto en una lista negra a una comadrona, Ellinor Grimmark, a la que ha impedido ejercer pese a la escasez de parteras en el país nórdico. El problema de Grimmark, cristiana devota, es su rechazo a participar en abortos.

Según cuenta Sohrab Ahmari en The Wall Street Journal, Grimmark sabía que había comadronas que participaban en abortos, pero pensó que, llegado el momento, los hospitales ofrecerían la posibilidad de ejercer la objeción de conciencia a profesionales como ella. “Hay muchísimo que hacer como comadrona, por tanto pensé: OK, esa es una parte, pero puedo hacer todo lo demás”. Las estadísticas oficiales le daban la razón: un estudio de 2007 encontró que apenas el 35% de las comadronas suecas se habían visto en situación de prestar asistencia en un aborto.

Por ello, en 2013, la joven partera, a punto de graduarse, preguntó a la dirección del hospital adonde fue destinada dónde sería colocada, de modo que pudiera acomodar sus derechos de conciencia. La respuesta fue tajante: “¿Cómo piensas trabajar como comadrona con esas opiniones?”. Como resultado, se le retiró la beca de estudios y se le cerraron las puertas en cada uno de los hospitales a los que acudió en busca de colocación.

Para no perder su práctica profesional, Grimmark decidió entonces mudarse a Noruega, donde los hospitales hacen excepciones con los objetores al aborto. Allí ha ayudado a dar a luz a unos 200 niños. No obstante, en 2014 demandó al ayuntamiento de Jönköping, en Suecia, por discriminación por motivos religiosos y violación de su libertad de conciencia, con lo que ha pasado a ser una suerte de “enemigo público número uno”.

Según explica Ahmari, las instituciones de élite de los países nórdicos, y especialmente las suecas, han creado lo que allí se denomina “corredores de opinión”, que define los límites de lo aceptable en el debate público. En 2015, por ejemplo, una conocida parlamentaria, especialista en temas de terrorismo, planteó que “aquellos que rechazan practicar abortos son, en mi opinión, practicantes religiosos extremistas”. Asimismo, en enero pasado, un programa de TV señaló a Grimmark como parte de la “ola global de opresión contra las mujeres”.

Así, en noviembre de 2015, el tribunal falló contra la demanda de la comadrona, a pesar de que la ley sobre aborto de 1974 protege la libertad de conciencia. Pero esta semana, una corte de apelaciones se pronunciará sobre un recurso presentado por Grimmark contra la primera sentencia. Si los jueces ratifican el veredicto, la joven podrá llevar su caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, donde la ley europea favorece su argumento.

En 2016, hasta el 80% de los ayuntamientos suecos con hospitales en su jurisdicción tuvieron dificultades para contratar comadronas. La jubilación de las trabajadoras más veteranas, a un ritmo mayor que la contratación de sus sustitutas, y la percepción de que estas profesionales trabajan mucho más que lo que deberían, han minado el entusiasmo por la profesión.

“Ellos (las autoridades suecas) piensan que están poniendo en primer plano los intereses de las mujeres suecas al no darme el empleo –apunta Grimmark–. Tenemos a madres suecas que están viniendo a parir a Noruega porque saben que aquí hay comadronas. En Suecia no sabes si hay o no. Hemos tenido a madres que han muerto por no tener comadronas. Es una locura. Como si fuera África, pero es Suecia”.


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.