Claves de la Universidad y del profesor universitario

Página 1

Autor: Leonardo Polo

Eunsa.
Pamplona (2018).
108 págs. 10 €.

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El cardenal Newman decía en sus escritos sobre la enseñanza universitaria que, si le dieran a elegir entre dos tipos de universidad –una en la que los profesores se limitaran a explicar en clase y a examinar, y otra centrada en una sana convivencia entre amigos, pero sin profesores, ni clases, ni pruebas–, él elegiría sin dudar la última. Leonardo Polo (1926-2013) tuvo la suerte de asistir a una universidad como la soñada por el beato inglés, donde no se impartía cultura, sino que se vivía en un ambiente fraterno y espiritualmente elevado. Fue en la Universidad de La Rábida, fundada por Vicente Rodríguez Casado, donde Polo entendió, según confiesa en estos textos, la verdadera misión de esta institución milenaria.

Por otro lado, la trayectoria filosófica de Polo está también ligada a otra universidad, la de Navarra, en la que impartió clases desde 1956 hasta poco antes de su muerte. Allí ayudó a potenciar la Facultad de Filosofía y esbozó un original y sistemático pensamiento que hoy, y a pesar de los esfuerzos de sus discípulos, está todavía por descubrir.

Claves de la Universidad y del profesor universitario no es un libro menor, porque ningún texto de Polo, que destacaba por su potencia especulativa, lo es. Está formado por cuatro conferencias, de modo que predomina el tono oral. Ya sea al abordar la vocación docente o la naturaleza de la enseñanza, Polo aparece en estas páginas en su plenitud de pensador creativo, mostrando su sutileza para repensar temas clásicos y combinando erudición, profundidad y un enorme talento para abrir horizontes novedosos y perspectivas infrecuentes.

Polo rechaza la idea de que la universidad sea el último nivel de enseñanza; es decir, una mera continuación de la secundaria. Por el contrario, debe ser una ruptura. Si se tiene en cuenta que la universidad tiene como objetivo elaborar un saber superior –en definitiva, que debe alcanzar el nivel más alto y profundo de conocimientos en una determinada disciplina–, los criterios a aplicar han de ser siempre la calidad, la rigurosidad y la excelencia. En este sentido, el principal responsable de la vida académica es el profesor, quien tiene como cometido investigar, saber y estudiar –“saber mucho y estudiar mucho”, afirma Polo sin matices–. Si falla esa pieza, la institución no puede lograr su objetivo; fracasa y se convierte en otra cosa: en un centro de estudios o en un colegio más.

Junto con la investigación y el conocimiento, la universidad se despliega también en otras dos dimensiones: la transmisión del conocimiento y la contribución a la sociedad. Desde este punto de vista, la función de los centros universitarios es insustituible, ya que sin el saber que proporciona la universidad, la sociedad corre el peligro de desintegrarse. Es esta la razón por la que la crisis de la universidad y, en concreto, de las humanidades, se torna tan preocupante. Ante ella, Polo propone insistir en el “rendimiento social” de los estudios y su relevancia en “la humanización práctica” de la cultura.

Un libro imprescindible para profesores de universidad, muy sugerente, que puede ofrecer pistas para repensar el sentido de la enseñanza superior y su especificidad, y puede ayudar a resaltar la importancia de la alta cultura en el contexto de nuestra sociedad tecnológica. 


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