Catorce años de Evo Morales: un balance

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La Paz.— Evo Morales, el gobernante que más años estuvo en el poder en el país, confiaba que con los resultados de las elecciones generales en Bolivia del 20 de octubre obtendría un cuarto mandato en el cargo. No fue así, y el tumultuoso fin de su presidencia invita a hacer balance y revisar cómo deja el país tras casi catorce años en el poder.

Tras la votación hubo acusaciones generalizadas de fraude electoral, las cuales fueron confirmadas por un informe de la Organización de Estados Americanos (OEA). Presionado por las protestas populares, y abandonado por la policía y las fuerzas armadas, el 10 de noviembre Evo renunció y dos días después partió al exilio en México. Este desenlace era muy improbable, pues el MAS (Movimiento al Socialismo) sigue siendo el principal partido político de Bolivia, y está sostenido por movimientos sociales extremadamente combativos.El rechazo al presidente se ha concentrado mayormente en las ciudades, incluso en parte de El Alto, su bastión tradicional. En febrero de 2016, en un referéndum, se votó contra la posibilidad de que Morales se presente a la reelección, pero Evo se amparó en una controversial sentencia del Tribunal Constitucional para volver a presentarse. El temor de las clases medias a que Bolivia termine siendo una dictadura como la venezolana ha determinado el resultado de las recientes elecciones: la mayoría del país votó no a favor de un proyecto alternativo al del MAS, sino lisa y llanamente contra Evo.

Políticas sociales

Al hacer balance de sus casi catorce años en el poder, se constata que Morales tuvo notables logros. Al igual que muchos países de América Latina, a partir de 2002 Bolivia se benefició del boom de los precios de las materias primas, con el consiguiente crecimiento del PIB, lo cual le permitió desarrollar políticas sociales y de redistribución de la riqueza que redujeron la pobreza y la desigualdad. Por otro lado, mantuvo la estabilidad económica que había heredado, con baja inflación y un déficit fiscal y un nivel de deuda manejables, algo poco frecuente en los gobiernos populistas de izquierda.

Gracias a los elevados precios de las materias primas hasta 2014, Morales desarrolló políticas sociales y de redistribución de la riqueza que redujeron la pobreza y la desigualdad

Sin embargo, en el propio ámbito económico, como consecuencia de una política fuertemente estatista, se han cometido bastantes errores. Algunos de los más costosos son inversiones estatales ineficientes, como la planta de urea de Bulo Bulo o el ingenio azucarero de San Buenaventura, por citar los dos ejemplos más importantes. También ha habido despilfarro de dinero en auténticos elefantes blancos, y han sido numerosos los casos de corrupción a lo largo de estos años. Lo más criticado ha sido la incapacidad del gobierno del MAS para atraer inversiones y desarrollar nuevos campos en el área de hidrocarburos, y nuevas explotaciones mineras, los rubros de los que depende en buena medida la economía de Bolivia.

Por estos motivos, lo que está por verse es si las políticas sociales implementadas por el MAS se podrán mantener en el largo plazo. Dado que desde 2014 los precios de las materias primas han descendido, es casi seguro que el Estado no podrá seguir gastando tanto como hasta ahora.

Más poder para los indígenas

En el ámbito político, hay consenso en reconocer que el gobierno de Morales profundizó el proceso de reconocimiento y empoderamiento de la mayoría indígena del país. Esto no era algo totalmente nuevo, pues ya se habían dado avances durante el periodo de los gobiernos neoliberales. Pero sin duda, con un presidente indígena creció la influencia y la presencia de los pueblos originarios en el Estado: pudieron acceder al parlamento, las gobernaciones y las alcaldías, al colegio militar, la academia de policía o la escuela diplomática. La política de inclusión de los sectores tradicionalmente marginados es quizás lo más relevante de estos 14 años, aunque Evo no suele hacer especial énfasis en estos avances sociales. Se suele concentrar en los que él considera logros económicos de su gobierno, como la nacionalización de los recursos naturales y los servicios.

Durante el gobierno de Morales creció la influencia y la presencia de los pueblos originarios en el Estado

A la vez, los positivos cambios sociales y políticos han sido opacados por la manipulación del Estado de derecho y el desmantelamiento de las instituciones estatales por parte del MAS. Desde el principio del mandato de Morales se empleó a los tribunales para intimidar a los opositores políticos, y se incorporó al aparato del Estado a funcionarios leales al partido. Para los ascensos y retiros en las fuerzas armadas y en la policía se dejaron casi de lado los criterios profesionales y fundamentalmente se tuvieron en cuenta los políticos. La culminación de este proceso fue el fraude que acabó con el gobierno de Evo, llevado a cabo por un Tribunal Supremo Electoral absolutamente parcializado.

En un tema tan sensible para Bolivia como el narcotráfico, la producción de cocaína cayó, según el gobierno del MAS, gracias al control ejercido por los sindicatos locales para evitar que el exceso de cultivos vaya a los laboratorios que la producen. Ciertamente estas políticas trajeron paz social después de décadas de represión por parte de los militares. Pero varios informes dicen que no hay datos disponibles para respaldar las afirmaciones bolivianas de que “el consumo de coca tradicional, cultural y medicinal ha aumentado”, argumento que fue utilizado para justificar la expansión de los cultivos legales, que pasaron de 12.000 hectáreas a 22.000 con la nueva Ley General de Coca.

Un país polarizado

Sin duda, aprovechando sus holgadas victorias electorales, Morales ha logrado mucho en lo económico, social y político. Pero al mismo tiempo ha polarizado enormemente al país, dividido entre las clases altas y medias por un lado, y los sectores populares por el otro. El estilo victimista y confrontacional de Evo no ha ayudado en nada en las casi cinco semanas de convulsión política y social que ha vivido recientemente Bolivia. Las diferencias culturales con tintes racistas en ambos lados se han ahondado, y el país vive una frágil paz, en espera de las nuevas elecciones que se celebrarán en breve. Un símbolo de esta división es que los dos bandos se han identificado con una de las dos banderas oficiales, la tradicional tricolor por un lado y la wiphala indígena por el otro.

Los positivos cambios sociales y políticos han sido opacados por la manipulación del Estado de derecho y el desmantelamiento de las instituciones estatales por parte del MAS

Finalmente, para el MAS es un logro haberse mantenido tanto tiempo en el poder. Pero al hacer de Morales el líder “indispensable”, ha hecho difícil que surjan nuevos actores. La prueba de fuego para el Movimiento al Socialismo serán las próximas elecciones, por primera vez sin Evo. En ellas se podrá comprobar si sigue siendo la principal fuerza política de Bolivia, y si su proyecto político sigue manteniendo la centralidad que ha tenido desde por lo menos 2006. 


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