Cardenal Pell: “Las finanzas vaticanas están mejor de lo que parecía”

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La reforma emprendida para mejorar la gestión económica del Vaticano “va en la buena dirección”, afirma George Pell, prefecto de la Secretaría de Economía del Vaticano. En un artículo para Catholic Herald Magazine, el cardenal australiano da cuentas de lo que está haciendo su equipo para seguir mejorando las prácticas del Vaticano en este tema.

Pell sale al paso de quienes creen que la situación de las finanzas vaticanas es pésima: “Es importante señalar que el Vaticano no está en quiebra. Dejando aparte el fondo de pensiones, que necesita ser fortalecido para garantizar las demandas de aquí a 15 o 20 años, la Santa Sede está pagando sus gastos, y posee importantes activos e inversiones”.

“De hecho, hemos descubierto que la situación es mucho más saludable de lo que parecía, porque unos cientos de millones de euros estaban guardados en cuentas de ciertas secciones y no aparecían en las partidas del balance”, escribe.

Pero las palabras de Pell –toda una muestra de transparencia– han provocado titulares periodísticos que pretenden crear una imagen de escándalos en las finanzas vaticanas. Las informaciones se basan en el avance que hizo un día antes la revista británica con algunas de sus declaraciones.

La noticia ha seguido el guion empleado en otras ocasiones. Cuando el Vaticano sometió sus cuentas a Moneyval, organismo del Consejo de Europa que evalúa las medidas contra el blanqueo de dinero y la financiación del terrorismo, algunos titulares hablaron de los fallos en el banco vaticano. Pero la noticia importante era que, en su primera evaluación, el Vaticano aprobaba y con nota: el informe del Moneyval lo colocaba en el tercio superior de los Estados europeos por transparencia financiera (cfr. Aceprensa, 26-07-2012).

Sin dejar nada fuera

A juzgar por lo que dicen algunos medios sobre las declaraciones de Pell, da la impresión de que el Vaticano tenía “escondido” en unas cuentas secretas un dinero de origen incierto, y que ahora se ha descubierto.

Pero “todo ese dinero es del Vaticano”, recuerda Carl Marroni, que cubre la información vaticana para el diario italiano de referencia en materia económica Il Sole 24 Ore. Lo que ha hecho la Secretaría de Economía es centralizar el dinero que estaba disperso en varias cuentas.

“El balance [del Vaticano] registra miles de millones de euros, así que el descubrimiento no es particularmente decisivo para su presupuesto. El anuncio de Pell habla más bien de cómo está procediendo a centralizar la economía y la administración del Vaticano, sin dejarse nada fuera”, explica Marroni al New York Times.

De hecho, una de las funciones clave de la nueva Secretaría de Economía es coordinar los asuntos financieros de la Santa Sede, del Estado de la Ciudad del Vaticano y de casi 200 entidades que responden directamente del Vaticano.

Romper la inercia del pasado

La amplia autonomía de que gozaban hasta ahora esas instituciones para manejar sus finanzas responde a “patrones establecidos tiempo atrás”, explica Pell. “Los problemas se arreglaban ‘en casa’ (como era costumbre en la mayoría de instituciones, civiles y religiosas, hasta tiempos recientes). Muy pocos estuvieron tentados de contarle al mundo exterior lo que sucedía, salvo cuando necesitaban ayuda adicional”.

De ahí la necesidad de la reforma, que pretende adaptar las finanzas vaticanas a los tiempos actuales, mejorando los niveles de transparencia y de eficiencia: “Los donantes esperan que sus donaciones sean gestionadas de forma eficiente y honrada, de forma que se consiga el mejor retorno para financiar los trabajos de la Iglesia, sobre todo aquellos destinados a predicar el Evangelio y a ayudar a los pobres a escapar de la pobreza. Una Iglesia para los pobres no debería ser gestionada pobremente”, dice Pell.

En la reforma, Pell quiere contar con la ayuda de laicos expertos en finanzas. Y anuncia que, a principios del próximo año, el Vaticano nombrará a un laico como auditor general. Este nuevo cargo responderá ante el Papa y tendrá la facultad de auditar, en cualquier momento, a cualquier agencia de la Santa Sede.


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