Austria: no pudieron salvar al bebé

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Viena.- El domingo 15 de mayo todos los periódicos austriacos tenían titulares muy parecidos: «Muere el niño de la madre en coma», «El bebé en coma fallece tras un aborto natural», «Todavía sin aclarar la muerte del bebé»… La prensa y todos los medios de comunicación del país siguieron los acontecimientos muy de cerca. Nadie habló de «feto» o «embrión», sino de «bebé», «niño» o «muchacha». El caso fue conocido como «Koma-Baby».

Como se recordará, Monika M., la madre, de 36 años, sufrió a principios de mayo una conmoción cerebral que le dejó en coma y fue internada en el Rudolfstiftung Hospital de Viena. Un caso como el suyo es más que corriente en la vida de un hospital, pero Monika estaba embarazada de 18 semanas. La gran cuestión que se planteó los primeros días fue si convenía o no mantener las funciones vitales de la madre en caso de su muerte, para poder sacar adelante al niño, que necesitaba para sobrevivir pasar al menos otras siete semanas en el seno materno. Por desgracia para el bebé, la madre sufrió un aborto espontáneo.

A pesar de lo trágico del caso, en Austria se pudo ver cómo todos reconocieron la existencia en el seno materno de una vida humana digna de protección. El más destacado defensor de la vida del niño fue el jefe de la unidad de cuidados intensivos donde está internada la madre, Paul Sporn, quien declaró que, en el caso de muerte de la madre, «no puedo matar al niño. Tiene cinco meses, se mueve, su corazón funciona perfectamente. No hay ninguna duda: es un ser humano, una vida que hay que proteger. Como médico sería incapaz de matarlo. En el caso de la muerte de la madre, no podría apagar los aparatos respiratorios sabiendo que así mataría al bebé que vive en el seno materno».

También en el campo jurídico se habló claramente de la necesidad de proteger esa vida. Ante la primera negativa del padre y los abuelos a poner medios para sacar adelante al bebé, Rudolf Welser, Presidente del Instituto de Derecho Civil en Viena, manifestó su sorpresa: «Ni el padre ni los abuelos pueden decidir sobre la vida de sus hijos o nietos. No pueden decidir si deben vivir o morir tanto cuando ya han nacido como cuando todavía no han nacido».

Pero los mismos familiares cambiaron de opinión. El día antes de la muerte del niño, el médico Sporn mostró al padre los indicios de vida en el seno de su mujer. Según declaraciones de Sporn, «el padre se emocionó viendo cómo se movía su hijo. Cambió su opinión inmediatamente y pensó que su mujer habría decidido lo mismo».

La ministra de Sanidad, Christa Krammer, socialista, declaraba que «tenemos que hacer todo lo posible para que el niño pueda nacer». Ésta es una gran contradicción. Como escribía Pia Maria Plechl en el diario Die Presse: «Este caso ha despertado la atención de los partidarios del aborto. Desde luego, en el caso de un no nacido que en dos o tres semanas podría desarrollarse sin problemas fuera del seno materno, es muy fácil la argumentación por la vida, cosa mucho más complicada en el caso de un joven embrión. Pero que la vida humana no tiene un comienzo en fecha concreta entre la concepción y el nacimiento ha quedado mucho más claro en este caso».

La ley austriaca permite el aborto libre durante los tres primeros meses del embarazo. Incluso Der Standard, un diario muy liberal de Viena, planteaba «que está muy bien que se prohíba el aborto después del tercer mes, porque el niño es casi un niño». Pero no se planteaba claramente la verdadera pregunta: ¿qué es el aquello que se puede matar sin problemas durante los tres primeros meses del embarazo?

Este caso se ha parecido mucho al del «Bebé de Erlangen», ocurrido en Alemania en 1992, que permaneció cuarenta días en el cuerpo de la madre muerta tras un accidente de tráfico. Entonces, el bebé tenía cuatro meses y medio, y los familiares quisieron salvarlo. Sin embargo, como ahora, el embarazo terminó por un aborto natural (ver servicio 157/92).

José María López-Barajas

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