El Observatorio

Armas de difamación masiva

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“Con las redes sociales, los móviles, tabletas y ordenadores se han convertido en armas letales”, que pueden arruinar la fama de una persona, advierte Gilles Dowek, del Instituto Nacional de Investigación en Informática y Automática (Francia). Por eso propone unos principios que todo usuario debería observar.

Dowek toma pie de campañas de denuncia promovidas últimamente, como contra los acosadores sexuales en Francia. “Al acusar a una persona de un crimen, real o imaginario, y difundir la acusación a miles de seguidores, que la difunden a su vez a miles más cada uno, en pocos minutos podemos llegar a millones de personas y arruinar la reputación, la vida personal, la carrera de alguien”.

Es como infligir la muerte social. “Poco importa que unos meses más tarde la justicia condene al acusado o lo absuelva, o incluso condene al autor de las acusaciones: la noticia pasará desapercibida”.

Contra eso, Dowek enuncia cuatro principios para un uso responsable de las redes sociales.

“1) No privatizar la justicia. La víctima de un crimen o delito recurre a la justicia para obtener reparación, pero no decide, aunque la justicia sea deficiente, emplear el poder que le da una red social para reemplazarla y castigar por sí misma al culpable”.

“2) No afirmar sin pruebas”. Si se aceptan las declaraciones no demostradas, se abre la puerta a la mentira y a las acusaciones falsas.

“3) Nada de injurias ni ataques personales”. Nunca se debe insultar, y “la crítica a las palabras de una persona debe limitarse a sus declaraciones públicas, de las que ha de darse la referencia”.

“4) El fin no justifica los medios”. El sufrimiento de la víctima no la autoriza a obrar mal. “Haber sido ultrajado no justifica ultrajar a los ultrajadores”.

Esos principios no son nuevos, reconoce Dowek, pero “hoy resultan más imperativos que nunca, por el poder que nos dan las redes sociales”.


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