El Observatorio

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Jacob Rees-Mogg, diputado del Partido Conservador británico y católico practicante, está acostumbrado a dar la cara por sus ideas. Sea en temas éticos controvertidos –como el aborto– o en otros políticos que también levantan pasiones –como el Brexit–, no le importa ir por libre. A veces, se lleva gratas sorpresas y recibe elogios de quienes piensan de forma diferente.

El pasado septiembre, en una entrevista para uno de los programas estrella de la cadena ITV, Good Morning Britain, Rees-Mogg escandalizó a buena parte de la opinión pública británica al decir que se oponía al aborto en todas las circunstancias –“la vida es sagrada y empieza en el momento de la concepción”–, así como al matrimonio entre personas del mismo sexo. Aunque el diputado fue muy respetuoso, no sentó bien que uno de los nombres que se barajan para suceder a Theresa May tuviera unos puntos de vista tan impopulares.

Pero no todo fueron críticas. Por ejemplo, la periodista de The Independent Janet Street-Porter –que discrepa con Rees-Mogg respecto del aborto y del matrimonio– elogió su honestidad por decir a las claras lo que pensaba, aun sabiendo que sus declaraciones podrían tener un coste político. De hecho, considera que esa valentía es un servicio público: “A menos que desarrollemos y alimentemos el arte del debate (y de la conversación cotidiana), la democracia está condenada al fracaso. Lo último que cualquier gobierno necesita son personas cortadas por el mismo patrón, que piensan lo mismo en todos los temas, que son ‘inclusivas’ desde que se levantan hasta que se acuestan y que nunca dicen nada fuera de tono”.

Lo de “inclusivas” tiene su ironía, pues Porter hace notar cómo en la tolerante sociedad británica la inclusión no abraza a todos. “¿Quiere usted dejar vacía una habitación en una reunión social? Admita que cree en la vida más allá de la muerte, diga que pisa la iglesia y que reza. Y para empeorar las cosas, admita que es un católico practicante o un cristiano evangélico. (…) En el mejor de los casos, te verán como un tipo raro; en el peor, como alguien que no sirve para gobernar el país ni para ostentar un cargo público”. De ahí que la franqueza del diputado le haya parecido tan atractiva.

A ese tipo de elogios se refirió Rees-Mogg en un encuentro organizado en febrero por el colegio católico Downside Abbey. El diputado tory pidió a los jóvenes asistentes que el miedo a chocar con el ambiente no les disuadiera de dedicarse a la política, pues también entre los discrepantes podrían encontrar simpatías. Y contó su experiencia a raíz de la entrevista en ITV: “Recibí cartas de personas a las que no conocía y que estaban en completo desacuerdo conmigo, pero me dijeron que estaban encantadas por que hubiera dicho lo que pensaba”.

Paradójicamente, también hubo católicos, como Joseph Shaw, que le criticaron por dar a entender que la oposición de los creyentes al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo se basa únicamente en motivos religiosos y no en razones válidas para todos. Pero en descargo de Rees-Mogg hay que decir que el mismo entrevistador que le pidió que explicara su postura, no le dejó hablar cuando intentaba argumentarla, como se ve en un fragmento de la entrevista que reproduce BBC News.


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