Ansiedad por el estatus

Status Anxiety

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Taurus. Madrid (2004). 325 págs. 18,50 €. Traducción: Jesús Cuéllar.

¿Qué hay detrás del concepto "estatus" al que todos, de una manera o de otra, aspiramos?¿Qué es lo que define nuestra posición en la sociedad? Son preguntas que trata de responder el escritor suizo Alain de Botton, a sus 35 años de edad. Para el autor, la vida parece un proceso de sustitución de una ansiedad por otra, de un deseo por otro.

De Botton nos ofrece de un modo original una visión de las causas de la ansiedad por ser reconocidos y de los antídotos que la propia humanidad ha ido creando para minimizar sus efectos.

¿Qué esconden nuestros temores? ¿Miedo a que no nos tengan en cuenta? Peor, dice De Botton. Miedo a que terminemos desconfiando de nosotros mismos. En el pasado, las personas consideraban el estatus como algo impuesto e inamovible. De aquella jerarquía natural nos hemos sumergido en las aguas profundas de la democracia. "Tú decides lo que quieres. Tu estatus depende sólo de ti", es el mensaje que transmiten los nuevos gurús del "marketing".

En la actualidad, todos disponemos de más recursos que nuestros antepasados. Pero también ha aumentado la ansiedad por el estatus relacionado con la importancia, el logro y la renta. Alain de Botton nos recuerda que el grupo de personas que nos sirve de barómetro es el formado por nuestros amigos de siempre. Sólo envidiamos a los que son similares a nosotros.

Entre las soluciones, el autor recurre a la razón esgrimida por los griegos. Aquella que ante un montón de oro hacía gritar a Sócrates: "¡Fijaos cuántas cosas hay que yo no deseo!". Los filósofos helenos poseían la capacidad de no hacer aprecio a las opiniones que se tuviera de ellos. El conocimiento de uno mismo les confería el poder de evaluarlas objetivamente, incorporar lo que a uno le parecía necesario y despreciar lo banal.

Más adelante, De Botton realiza un interesante experimento. Mediante lienzos de escenas cotidianas argumenta que el arte a través de los tiempos ha logrado explicar la sencillez como sinónimo de felicidad. Aunque debemos tener en cuenta que los personajes que protagonizan las idílicas estampas eran ajenos a la intención de los autores de las mismas. Siempre los demás nos parecen más felices.

Ocurre igual en los tiempos modernos. Pensar que quien tiene más es mejor parece una perogrullada, pero en nuestro foro interno descubrimos que en más de un caso hemos llegado a esa conclusión. Muchas veces impulsados por los anuncios que vemos en la televisión, en la que ya hace tiempo que los publicistas no venden objetos o servicios sino ambiciones.

Pero la solución más franca que ofrece De Botton es la verdad universal de que todos terminaremos nuestra vida en este mundo como la más democrática de las sustancias, el polvo.

Álvaro Lucas

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