Arantza Quiroga, presidenta del Parlamento vasco

“La acción a favor de la familia va de abajo hacia arriba: de la sociedad a los políticos”

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Arantza Quiroga, de 37 años, lleva casi veinte en política con el Partido Popular. Concejal a los 21 años y diputada de Euskadi a los 25, desde hace año y medio es presidenta del Parlamento vasco. Casada y madre de cuatro hijos, cree que la conciliación de vida familiar y trabajo debería estar entre las prioridades de la política social.

Arantza Quiroga estuvo presente en el XVIII Congreso Internacional de la Familia (Valencia, 1-2 de octubre), organizado por la International Federation for Family Development. En su intervención insistió en la necesidad de adoptar horarios y condiciones de trabajo flexibles para las personas con deberes familiares. Pero esto, dijo, requiere un cambio de mentalidad. Después, en entrevista para Aceprensa, se refirió también a otros temas en que están implicadas política y familia.

Nadie se declara en contra de la familia. Pero de hecho el debate está polarizado en torno a los temas más polémicos, como el aborto o el matrimonio homosexual. ¿No se podría sustraer la política familiar a la confrontación ideológica?

— Eso es muy difícil con un gobierno como el que tenemos ahora mismo. Este gobierno es consciente de que hay determinados temas que dividen a la sociedad, y antes los que el Partido Popular se tiene que posicionar de una manera muy concreta. En esta legislatura menos, por la actual situación económica, pero desde la legislatura anterior el gobierno ha sacado toda una serie de temas -matrimonio homosexual, la ley del aborto...-, en los que sabía que iba a haber confrontación, y no ha estado buscando ni muchísimo menos poner la familia por delante ni promoverla, porque de la confrontación política ha sacado un rédito político. ¿Por qué? Porque tenemos una sociedad en la que ha calado mucho el relativismo, y te venden todo eso como un derecho, y ¿cómo no vas a votar a favor de un derecho? Pero así se están llevando por delante una estructura tan fundamental como la familia.

La conciliación de familia y trabajo es un problema real de mucha gente, pero no se da con soluciones: parece que andamos faltos de ideas. ¿Qué se podría hacer para avanzar en este terreno?

— Yo no creo que estemos faltos de ideas. Yo creo que hay ideas, y muy buenas; el problema es que no hay voluntad de querer ponerlas en práctica. Es una cuestión de voluntad y de creer que realmente es necesario, y como no existe esa voluntad, el tema está aparcado.

Hay algo que no he podido entender durante todos estos años: que las medidas de conciliación no estuvieran en la agenda entre las primeras cosas que los sindicatos y los empresarios trataran en la negociación colectiva. Yo leía esos acuerdos y no encontraba medidas de conciliación de la vida familiar y laboral. Encontraba subidas salariales, más vacaciones... pero medidas concretas de conciliación de la vida familiar y laboral no existen, y las que ha aprobado el gobierno son para los funcionarios. Si tú eres funcionario, como suelo decir, efectivamente vas a tener la baja maternal, la baja de tu marido, vas a tener todas las posibilidades. Si trabajas en la empresa privada, lo tienes muy difícil, sobre todo porque en esta situación en la que estamos, por detrás están esperando tres o cuatro para ocupar tu puesto. Esto es una cuestión de voluntad y de cambiar, como yo decía, las mentalidades.

¿Cree que en España está garantizado el derecho constitucional de los padres a elegir para sus hijos un tipo de educación conforme con sus convicciones?

— Yo creo que depende de las comunidades autónomas. Creo que esta es también una cuestión de voluntad y de creerse realmente que los que deciden son las familias y no el Estado. El intervencionismo del Estado no puede llegar a las familias. Si los padres dicen que quieren tal o cual educación, lo que tiene que hacer el Estado es poner a disposición de las familias las distintas posibilidades, para que puedan elegir.

Como política, debe de estar acostumbrada a recibir reivindicaciones de distintos intereses, por ejemplo de un sector económico afectado por una ley. ¿Y las familias? ¿Se las escucha? ¿Se hacen ellas oír?

— En el País Vasco tenemos una asociación de familias numerosas, Hirukide, que es muy activa, que se hace oír mucho en la sociedad y que ha puesto en la palestra y ha dado visibilidad a un colectivo muy importante, que es el de las familias numerosas en el País Vasco. Yo, por la experiencia que tengo, puedo decir que han venido al Parlamento en muchísimas ocasiones, han hablado con los grupos parlamentarios, incluso han estado recientemente en el Parlamento para que les recibiera, y me han explicado lo que estaban haciendo. Así pues, en el País Vasco tenemos una asociación muy activa, y en el nivel nacional está el Foro de la Familia, que también me parece que es muy importante y va a seguir siéndolo. Tenemos que ser conscientes de esto: la acción a favor de la familia va de abajo hacia arriba: si la sociedad se empieza a mover, los políticos nos moveremos.


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