Fe, cultura y testimonio, ejes de la visita

Benedicto XVI pone en pie de fiesta a los portugueses

Del 11 al 14 de mayo, Portugal se volcó en calor y afecto a Benedicto XVI, peregrino de Fátima en el décimo aniversario de la beatificación de los niños Jacinta y Francisco Marto, testigos de las apariciones de 1917. El Papa reavivó la fe de los católicos, tendió puentes al mundo de la cultura y al diálogo interreligioso, invitó a un renovado compromiso con la misión evangelizadora de la Iglesia. Pidió “verdaderos testigos de Jesucristo, sobre todo donde el silencio de la fe es más amplio y profundo”.

Lisboa. Sin duda por razones pastorales que ponen a Europa en el centro de sus preocupaciones, el Papa escogió este país del sur, de tradición católica, para una visita de agenda sobrecargada. Han sido cuatro días intensos, en que los portugueses que se enorgullecen de ser católicos le acompañaron con su presencia masiva y muchos signos de afecto. Hoy, el país sufre dificultades sociales por paro y déficit fiscal, así como enfrentamientos ideológicos en torno a las leyes sobre familia y vida humana.

La orientación espiritual de la visita, con el santuario de Fátima como culmen de las celebraciones, fue subrayada por el Papa en sus palabras a los periodistas en el avión que lo traía de Roma, al señalar claramente que la mayor persecución que sufre la Iglesia es el pecado en su interior. A este respecto, el mensaje de Fátima se resume en dos palabras: penitencia y oración.

Mostrarse como cristianos

En 2010, el 5 de octubre próximo, se celebra el centenario de la República. En un siglo en que la relación entre Iglesia y Estado ha pasado por momentos críticos, y aún faltan por regular algunos aspectos del último Concordato, de 2004, no son las relaciones institucionales lo que más preocupa a Benedicto XVI. El viaje pastoral ha sido también por invitación del presidente de la República, su anfitrión en estos días. En sus manos está decidir si promulga la ley aprobada por la Asamblea de la República sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo [1].

En Fátima, el 12 de mayo, en una reunión con los agentes de pastoral social de la Iglesia, el Papa manifestó su aprecio por las instituciones que luchan por la vida y ayudan a curar las heridas del drama del aborto. Asimismo, expresó su contento por los que se empeñan en favor de la familia fundada sobre el matrimonio indisoluble de un hombre con una mujer. Hizo especial hincapié al pedir a cada uno de los creyentes que manifestara su identidad cristiana en su lugar de trabajo, en las instituciones que promueve o en que colabora.

Apoyándose en los siglos de historia común de este pueblo con el catolicismo, dijo en Lisboa, en la misa del día 11, que si bien no faltan a la Iglesia “hijos reacios e incluso rebeldes”, “es en los santos donde la Iglesia reconoce sus propios rasgos característicos y, precisamente en ellos, saborea su alegría más profunda”. Y ante una audiencia calculada en 80.000 personas, el Papa recordó el deber de hacer presente a Dios en la sociedad, y de contribuir con la identidad cultural y religiosa portuguesa a la edificación de la Unión Europea. “Portugal se ha ganado un puesto glorioso entre las naciones por el servicio prestado a la difusión de la fe: en las cinco partes del mundo, hay Iglesias particulares nacidas gracias a la acción misionera portuguesa”.

Con el afecto de la gente

Juan Pablo II, con una historia personal tan ligada a Fátima, visitó el país en tres ocasiones. Aún el 11 de mayo la impresión más extendida era que sería insustituible en los corazones. Pero un solo día en Lisboa bastó para que “el hombre vestido de blanco” recibiese no solamente las llaves de la ciudad, en un gesto simbólico del alcalde, sino también un puesto de pleno derecho en la sensibilidad de los creyentes y de los curiosos, que acudían para verlo pasar y gritaban “¡Viva el Papa!”.

Oporto repetiría el día 14 el mismo gesto de entrega de las llaves, haciendo una excepción -pues este honor se reserva a personalidades portuguesas-, en agradecimiento por la proyección dada a la ciudad con la visita.

En una conferencia de prensa convocada la víspera del comienzo del viaje, D. Carlos Azevedo, obispo auxiliar de Lisboa y coordinador de la visita, ya había indicado la posibilidad de que el Papa se dirigiera a los jóvenes, bien en Lisboa, desde la ventana de la nunciatura, bien en Oporto, al final de la misa. Así fue. Dos trenes especiales del metro llevaron directamente desde el Terreiro do Paço, donde había tenido lugar la misa, a la nunciatura a los primeros grupos. Los jóvenes oyeron decir al Papa: “Gracias por el alegre testimonio que dais de Cristo, eternamente joven, y por el afecto que manifestáis hacia su pobre Vicario en la tierra con esta serenata”. Y en tono menos formal: “Habéis venido a desearme buenas noches, y os lo agradezco de corazón; pero ahora debéis dejarme ir a dormir, de lo contrario no sería una buena noche”.

La próxima Jornada Mundial de la Juventud de 2011 en Madrid contará, por cierto, con muchos de estos jóvenes que ya en Lisboa iniciaron un camino común, acompañados también por grupos venidos de España.

Oporto, en pleno ambiente de la Misión 2010, lanzada por el obispo D. Manuel Clemente, hizo los honores de despedida el día 14, aclamando al Papa en su recorrido desde el helicóptero hasta la Avenida dos Aliados. Allí tuvo lugar la misa, en un escenario que reproducía el transepto de la catedral y dispuesto con mobiliario hecho en Paços de Ferreira. Los asistentes, estimados en 120.000, fueron invitados a contener su entusiasmo durante la celebración, para dar lugar a un silencio favorable a la oración, rasgo muy marcado en toda la liturgia de estos días.

Ovación de los intelectuales y artistas

El encuentro con los representantes de la cultura tuvo lugar en Lisboa, en el auditorio del Centro Cultural de Belém, donde se reunieron cerca de 1.400 personas. Estaban presentes escritores, profesores universitarios, músicos, investigadores. El decano era el cineasta Manoel de Oliveira, de edad más que centenaria, que fue escogido para ser el portavoz de la asamblea. “Arte y religión” fue el tema que eligió para su discurso. El Coro de Cámara Gulbenkian acompañó la sesión interpretando piezas de dos compositores portugueses de los siglos XVII y XVIII.

Sorprendieron las entusiastas ovaciones con que fue recibido y despedido el Papa, en un acto que se había previsto más contenido por estar dirigido también a muchos no creyentes. “La dinámica de la sociedad absolutiza el presente, aislándolo del patrimonio cultural del pasado y sin la intención de proyectar un futuro”, dijo Benedicto XVI. Y tal visión del presente, añadió, contrasta con la tradición cultural del pueblo portugués, marcada por el cristianismo, y se expresa en la crisis de la verdad, pero sólo ésta puede orientar y trazar el rumbo de una existencia lograda, como individuo o como pueblo”.

La Iglesia debe hacer también un aprendizaje, “ayudando a la sociedad a entender que el anuncio de la verdad es un servicio que ella le ofrece, abriendo horizontes nuevos de futuro, grandeza y dignidad”. Y reafirmando el camino de diálogo iniciado con el concilio Vaticano II, el Papa subrayó cómo la Iglesia “toma en serio y discierne, transfigura y transciende las críticas que están en la base de las fuerzas que caracterizaron la modernidad, o sea la Reforma y la Ilustración”. Señalando como prioritario en la cultura actual mantener despierta la busca de la verdad y, por tanto, de Dios, invitó a los hombres de cultura: “Haced cosas bellas, pero, sobre todo, convertir vuestras vidas en lugares de belleza”.

La cátedra de Fátima

El 12 y el 13 de mayo Fátima recibió este año medio millón de personas. Se veían peregrinos de muchas partes del mundo, en especial de España, Italia y Alemania. El obispo, D. Antonio Marto, usó palabras del propio Papa para definir lo específico de este lugar: “María estableció su cátedra para enseñar a los pequeños videntes y las multitudes las verdades eternas y el arte de orar, creer y amar”. Benedicto XVI quiso ya anticipar el centenario de las apariciones, en 2017, y afirmó que “se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada”.

El teólogo, conocedor como pocos del mensaje de Fátima, del que hizo el comentario teológico en el año 2000, había acudido esta vez “como un hijo que viene a visitar a su Madre”. Evocando la “mano invisible” que libró de la muerte a Juan Pablo II en el atentado del 13 de mayo de 1981 y la bala engastada en la corona de María, agradeció “las oraciones y sacrificios que los Pastorcillos de Fátima ofrecieron por el Papa” y obsequió al santuario una rosa de oro traída de Roma “como regalo de gratitud del Papa, por las maravillas que el Omnipotente ha realizado por tu mediación en los corazones de tantos peregrinos que vienen a esta tu casa materna”.

Por la noche, el rezo del rosario, dirigido por el Papa en la capelinha de las apariciones, fue un momento sobresaliente de esta peregrinación. Benedicto XVI también se detuvo en oración ante las tumbas de los beatos Francisco y Jacinta Marto, en la basílica vieja. Ahí también están ya los restos de la tercera vidente, la sierva de Dios Lúcia de Jesús, a la que el entonces cardenal Ratzinger había conocido cuando ella era carmelita en Coímbra.

Hablar de Dios sin miedo

En este día del Año Sacerdotal próximo a terminar, el Papa dijo en primera persona: “He venido a Fátima, (...) para hacer ante la Virgen una profunda confesión de que ‘amo’, de que la Iglesia y los sacerdotes ‘aman’ a Jesús y desean fijar sus ojos en Él”. Y en el encuentro con sacerdotes en la tarde del día 12, les pidió que cultivaran una verdadera intimidad con Cristo en la oración, que estuvieran unidos unos con otros y que tuvieran inquietud por suscitar nuevas vocaciones sacerdotales.

La fe era un tema recurrente: no darla por supuesta y aspirar a la misma experiencia mística de los pastorcillos, descrita en su lenguaje infantil como fuego y luz, que puede darse en la vida normal: “Dios —más íntimo a mí de cuanto lo sea yo mismo (cf. S. Agustín, Confesiones, III, 6, 11)— tiene el poder para llegar a nosotros, en particular mediante los sentidos interiores, de manera que el alma es tocada suavemente por una realidad que va más allá de lo sensible y que nos capacita para alcanzar lo no sensible, lo invisible a los sentidos”. Una fe que en algunos lugares corre peligro de apagarse, puede ser mostrada con la vida de los cristianos: “No tengáis miedo de hablar de Dios y de mostrar sin complejos los signos de la fe, haciendo resplandecer a los ojos de vuestros contemporáneos la luz de Cristo”.

Oporto se moviliza

El plan inicial del viaje no incluía una visita a Oporto. Pero el obispo D. Manuel Clemente, que había convocado a todos los cristianos a la Misión 2010, no se conformaba con la idea de dejar partir al Papa sin pisar su ciudad. Implicando a toda la sociedad civil y al municipio, el Norte puso manos a la obra, como tiene a gala. Y así, la emblemática Avenida dos Aliados, enfrente del Ayuntamiento, recibió el último baño de multitudes de estos días.

Entre los 120.000 asistentes había muchos gallegos que vinieron a sumarse a la fiesta. Y sobre todo, muchos jóvenes. Grupos de jóvenes pasaron allí la noche entera rezando y animando a los que llegaban. Dos universitarios ofrecieron un regalo útil: una camiseta que registra el ritmo cardiaco, inventada por investigadores de la ciudad, para vigilar la salud del Papa.

Benedicto XVI definió el cometido de ser testigos de Jesús resucitado como una “misión intransferible”, y explicó cómo las nuevas tareas de la Iglesia son hoy dialogar con culturas y religiones diversas, llegar a nuevos ámbitos socio-culturales y tocar los corazones: “¡Cuánto tiempo perdido, cuánto trabajo postergado!”.

La multitud desalojó la avenida muy lentamente, como queriendo saborear el momento. Oporto, siempre laborioso, tuvo hoy un día distinto.

Participación extraordinaria

En la visita papal, Portugal ha recibido un nuevo vigor, en feliz expresión del presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, que agradeció de forma sentida, yendo mucho más allá de las exigencias protocolarias, la presencia del pastor que indica un camino y del peregrino sabio que sale al encuentro de los hombres de buena voluntad.

Según el balance hecho por el director de la oficina de prensa vaticana, P. Lombardi, el viaje fue maravilloso, con una participación extraordinaria, que excedió todas las expectativas. Para el Papa, además de la dimensión pastoral, habrá tenido otra personal de gran interiorización. En el aspecto humano, habrá sentido el amor y el deseo de verlo mostrado por tantos portugueses.

Benedicto XVI se apartó del guión a menudo, sobre todo cuando le acercaban niños para que los bendijera o los veía al pasar. Escuchaba y miraba intensamente. Fue un padre cariñoso, tierno y disponible. Esa imagen que ha dejado en la memoria de los portugueses no se borrará fácilmente.

En estos días el Portugal católico habló más alto. Ahora comienza la tarea de leer despacio los textos y reflexionar sobre ellos. Y de poner en práctica el lema de despedida: “Que no deje de crecer entre vosotros la concordia”.

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[1] El presidente Cavaco Silva anunció el 17 de mayo que finalmente había decidido promulgar la ley. (N. de la R., 18-05-2010).