Los norteamericanos quieren reforma sanitaria, pero no ésta

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El proyecto estrella del presidente Obama, la reforma de la sanidad, fue salvado en una votación crucial en la Cámara de Representantes avanzada la noche del 21 de marzo. La gente quiere que se extienda la cobertura médica, de la que ahora está privado uno de cada seis norteamericanos; pero el texto aprobado por el Congreso tras una tortuosa gestación parlamentaria tiene en contra a la mayoría del público.

(Actualizado el 21-03-2010)

La compleja tramitación parlamentaria de la reforma es reflejo de los numerosos puntos de discrepancia en torno al proyecto, también entre los demócratas. Tras prolijas negociaciones y repetidos retrasos, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto el pasado 7 de noviembre y el Senado aprobó el suyo el 24 de diciembre. Entre ambas versiones había importantes diferencias, incluida una prohibición expresa de sufragar abortos con fondos federales que solo estaba en la de la Cámara. Esta claúsula fue decisiva para conseguir el sí de una docena de representantes demócratas y aprobar el proyecto por 220 votos contra 215.

Según la Constitución, una ley solo puede ser promulgada si las dos cámaras del Congreso aprueban exactamente el mismo texto. Tras la Navidad, el trámite que quedaba pendiente era conciliar ambas versiones en un proyecto único que tendría que ser votado luego por representantes y senadores. Pero en enero, los republicanos arrebataron, en unas elecciones parciales, el sexagésimo escaño demócrata en el Senado, y así adquirieron la minoría de bloqueo suficiente para impedir que la cámara alta aprobara una versión conjunta de la reforma (cfr. Aceprensa, 22-01-2010).

La única posibilidad de salvar la reforma era que la Cámara de Representantes, donde no hay minoría de bloqueo, aprobase el proyecto del Senado sin proponer más que algunos cambios menores. A última hora, la Casa Blanca convenció a un número suficiente de demócratas (finalmente quedaron 34 que votaron en contra) con una oferta sobre el aborto. La ausencia de una cláusula para que las arcas federales no paguen abortos será suplida por un decreto presidencial (executive order) que lo prohibirá expresamente.

No a todos los representantes pro-vida les pareció aquella suficiente garantía. Los republicanos señalaron que el presidente puede revocar una executive order de un plumazo y sin permiso del Congreso, como hizo el propio Obama a los pocos días de comenzar su mandato anulando el que vetaba dar fondos federales a organizaciones que promuevan el aborto en el extranjero. Pero el demócrata promotor de la cáusula, Bart Stupak, y otros más se declararon satisfechos. Así, la reforma fue aprobada por 219 votos contra 212. Barack Obama puede cantar victoria ahora que por fin ha salido adelante su mayor empeño personal.

La arriesgada apuesta de Obama

En efecto, si algo distingue al presidente Obama, es que está, aparentemente, muy seguro de sí mismo, de su capacidad de crear consenso y de haber sido elegido esencialmente con el mandato de cambiar la atención sanitaria en Estados Unidos, así como de hacer reformas en otros ámbitos. Mientras que su política exterior no se ha apartado mucho del rumbo fijado por su predecesor, George W. Bush, la política interior ha demostrado ser la parte más ambiciosa y controvertida de la cartera de proyectos de Obama. Con la reforma de la sanidad, Obama aborda uno de los sectores más grandes de la economía nacional y que más afecta a los norteamericanos.

La ausencia de una cláusula contra la financiación del aborto con fondos públicos puede impedir la aprobación del proyecto

La reforma del sistema sanitario resultó esquiva a su antecesor demócrata, Bill Clinton, a pesar de que el empeño contó nada menos que con la dirección de la muy capaz Hillary Clinton. Habiéndose dedicado a ello en tan gran medida desde el inicio de su presidencia, Obama corría el riesgo de sufrir una derrota semejante y rotunda, que afectaría no solo a él mismo, sino también a los congresistas demócratas. Recordemos que fue durante el primer mandato de Clinton, tras el fracaso del proyecto de reformar la sanidad, cuando los republicanos recuperaron el control de ambas cámaras del Congreso.

Un sistema que deja fuera a muchos

Los defensores de la reforma pueden alegar varias realidades sociales en favor del proyecto. Según una encuesta realizada por Gallup en 2009, los datos del Índice de Bienestar Gallup-Healthways correspondientes al mes de junio de ese año revelaban que el 16% de los adultos estadounidenses carecían de seguro médico. La cifra reflejaba una tendencia alcista desde el 14,8% registrado en 2008.

Una amplia mayoría, hasta del 72% del público, apoya distintas medidas para ampliar la cobertura sanitaria, pero el 73% está en contra de la reforma elaborada por el Congreso

El cálculo oficial más reciente de la cobertura de la atención sanitaria realizado por la Oficina del Censo corresponde a 2007 y revela que están sin seguro el 15,3% de los norteamericanos (incluidos los niños), o sea 46 millones de personas. Las cifras del Censo muestran que hay mayor grado de cobertura entre los menores de 18 años que los mayores de edad. Los norteamericanos de origen hispano -categoría que comprende a ciudadanos, extranjeros residentes e inmigrantes ilegales- es el sector de población adulta con más miembros sin seguro médico: el 41,5%. Entre los no hispanos, los negros tienen una tasa mayor que los blancos: el 19,9%, frente al 11,6%.

Por último, los jóvenes y las personas de renta baja son -después de los hispanos- los dos grupos en peor situación. Concretamente, carecen de cobertura el 28,6% de los norteamericanos que ganan menos de 36.000 dólares al año y el 27,6% de los que tienen entre 18 y 29 años. Las personas mayores, que disponen de atención a través del programa público Medicare, tienen la más alta tasa de cobertura.

La voz de la mitad de los hospitales

Al igual que muchos norteamericanos, los obispos católicos de Estados Unidos llevan mucho tiempo pidiendo la reforma del sistema sanitario. Tienen un considerable interés en el debate, ya que aproximadamente el 50% de todos los hospitales de Estados Unidos están dirigidos por organizaciones católicas, aunque con cierta independencia de los obispos. En una carta del 7 diciembre de 2009 a los senadores, el cardenal Daniel DiNardo y otros dos obispos expresaron apoyo a la reforma, con ciertas reservas.

“Desde hace muchos años -decían los prelados-, los obispos católicos hemos abogado por una atención sanitaria adecuada y asequible para todos. Como pastores y maestros, creemos que una genuina reforma de la atención sanitaria debe proteger la vida y la dignidad humanas, no amenazarlas, en especial en el caso de quienes son más vulnerables y carecen de voz. Creemos que la legislación relativa a la atención sanitaria debe respetar las conciencias de quienes la prestan, de los contribuyentes y de otros, no violarlas. Creemos que una cobertura universal debe ser auténticamente universal, sin denegar atención médica a quienes pasan necesidad por su situación, edad, origen o fecha de su llegada a nuestro país. Proporcionar una atención sanitaria asequible y accesible que refleje claramente estos principios fundamentales es un bien que se hace a la comunidad, un imperativo moral y una prioridad nacional urgente”.

Opinión pública: sí pero no

Si bien los obispos, como es natural, no representan a todos los norteamericanos en el ámbito político, sí señalan parte de la ambivalencia que sienten muchos de sus compatriotas acerca de la legislación sobre atención sanitaria presentada por los demócratas. El propio Obama lo ha advertido. “Lo que resulta interesante es encuestar a la gente acerca de los componentes de cada uno de estos proyectos de ley por separado: todos están a favor”. Aunque los sondeos de opinión han mostrado que el público apoya partes de la reforma del sistema nacional de atención sanitaria promovida por los demócratas, ese mismo público se opone al paquete completo aprobada por el Congreso.

Según una encuesta de CNN/Opinion Research, el 62% de los norteamericanos están de acuerdo en que hay que impedir que las aseguradoras privadas retiren su cobertura a personas que han caído gravemente enfermas. Preguntados si apoyan “que se exija a todas las empresas grandes y medianas que proporcionen seguro médico a sus empleados”, el 72% contestaron que sí. A la pregunta de si favorecen que “a las aseguradoras médicas se les impida denegar cobertura a personas que padezcan de afecciones preexistentes”, el 58% se mostró a favor.

Pero la misma encuesta revela que una gran mayoría se opone a la reforma general: sólo el 25% de los encuestados deseaban que la ley fuera aprobada, el 48% quería que el Congreso volviera a comenzar de cero, y el 25% preferían que el Congreso suspendiera por completo todo trabajo sobre atención sanitaria. En resumen, estas cifras representan que el 73% de los norteamericanos se opone a la reforma.

Congresistas demócratas y quienes apoyan las iniciativas de Obama acerca del sector bancario y los estímulos económicos, también se muestran ambivalentes. Uno doce representantes demócratas se oponían a la versión del proyecto salida del Senado. A la cabeza de ellos se encontraba el representante demócrata Bart Stupak, de Michigan, un católico identificado por miembros de su propio partido como “conservador” en el tema del aborto, que logró, con el republicano Joe Pitts, añadir al proyecto elaborado por la Cámara de Representantes una enmienda que prohibiría el empleo de fondos federales para el aborto (cfr. Aceprensa, 9-11-2009). No existe una cláusula semejante en el proyecto del Senado, el único que tenía posibilidades de convertirse en ley, una vez que los demócratas perdieron su “supermayoría” de 60 senadores.

El aborto, cuestión crucial

La enmienda Stupak-Pitts estipulaba que el aborto no puede ser incluido entre las prestaciones cubiertas por la opción pública ni por ninguno de los planes de seguros privados que acepten a clientes que, por tener renta baja, reciban subvenciones públicas para contratar un seguro médico. Se admiten excepciones en caso de violación, incesto o peligro para la vida de la embarazada. Sin embargo, los particulares son libres de suscribir cláusulas adicionales que incluyan el aborto.

Entre los demócratas que destacaron por su apoyo a la enmienda de Stupak están los representantes Marcy Kaptur, Kathy Dahlkemper, Brad Ellsworth y Daniel Lipinski, todos ellos católicos y presuntos componentes de la docena de congresistas que se unirían a Stupak votando no.

Estos representantes han sufrido presiones de activistas de la Casa Blanca y del partido demócrata para que abandonaran sus objeciones al proyecto. Bitácoras y páginas web como DailyKos.com, además de activistas demócratas, han hecho oír su voz en apoyo del presidente, a la vez que exigían a los contrarios al proyecto que aceptasen la reforma general en su integridad. La Casa Blanca envió correos electrónicos a los simpatizantes de Obama que se inscribieron online como partidarios suyos durante la campaña electoral, para que presionaran a favor del proyecto. Por su parte, los congresistas republicanos y sus aliados (como las empresas de seguros médicos) lo atacan con energía.

Al final, Stupak y los demás representantres demócratas mencionados arriba, menos Lipinski, votaron sí.

Obama se juega todo

La reforma del sistema de atención sanitaria ha figurado en el orden del día del Congreso al menos desde la época de Clinton. Entre las numerosas cuestiones que piden a gritos una reforma figura el coste de la hospitalización, de los procedimientos médicos y de las medicinas. Quienes gozan de seguro médico tropiezan con límites que fijan la cantidad total de servicios médicos que pueden cobrarse a las aseguradoras a lo largo de la vida del asegurado, con negativas a cubrir afecciones preexistentes, con procedimientos y medicinas excluidos y con un papeleo excesivo. Los médicos se quejan de que las aseguradoras médicas pagan tarde y a regañadientes, aun en los frecuentes casos en que no se cubre el coste real de los servicios médicos.

Además de muchos jóvenes, están sin cobertura muchos desempleados y autónomos que, sencillamente, no pueden costearse un seguro médico. A favor de ellos, el presidente Obama ha realizado una importante inversión de capital político en busca de la aprobación de la reforma sanitaria. “Lo que ahora mismo está en juego no es sólo nuestra capacidad de resolver este problema -aseguró Obama refiriéndose al sistema de atención sanitaria-, sino nuestra capacidad de resolver cualquier problema. El pueblo norteamericano desea saber si es posible que Washington cuide de sus intereses y de su futuro”.

Obama se ha mostrado decidido a jugarse todo para ser el presidente que firme una reforma exhaustiva del sistema. Ha dado garantías de que “no se utilizarán fondos federales para financiar abortos y las leyes federales sobre objeción de conciencia seguirán vigentes”, como estipulará el anunciado decreto presidencial. Pero ley aprobada, sin la enmienda Stupak-Pitts, puede ser de hecho la mayor ampliación del aborto desde 1973, cuando la sentencia del caso Roe contra Wade lo legalizara en todo el país. Ya existen sentencias de tribunales federales que hacen preceptiva la cobertura del aborto y que impondrían el aborto subvencionado por el gobierno.


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