¿Por qué las mujeres compiten peor?

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Para lograr la efectiva igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, es necesario tener en cuenta que los dos sexos se distinguen en aspectos relevantes de sus aptitudes, preferencias o inclinaciones, sostiene la psicóloga Susan Pinker en La paradoja sexual. Algo semejante concluyen unos investigadores franceses que han hecho un estudio sobre los distintos grados de éxito de mujeres y hombres en las exigentes pruebas de ingreso a una prestigiosa escuela de negocios.

La cuestión que el estudio (1) se proponía iluminar es si los procesos de selección muy competitivos son desfavorables para las mujeres, y por tanto tienden a provocar un desequilibrio artificial entre los sexos. Había bastantes indicios de que en las evaluaciones relativas, como un concurso en que para ganar hay que superar a otros, las mujeres salen peor paradas que en las evaluaciones absolutas, como un examen en el que simplemente cada uno tiene que demostrar sus aptitudes individuales.

Esto se relacionaba con algunos rasgos aparentemente femeninos: menor espíritu competitivo que los hombres, por término medio, y menor inclinación a aceptar riesgos. Y se sospechaba que ello podría contribuir a la menor presencia de mujeres en puestos directivos empresariales, que suelen exigir audacia y ganas de competir.

El concurso separa a los sexos

Hay un caso de estudio mucho mejor en el acceso a la HEC School of Management, nombre actual de la École des Hautes Études Commerciales. Los títulos que expide son muy apreciados y abren las puertas a empleos directivos muy bien remunerados. Las pruebas de ingreso son difíciles y muy selectivas: 7 de cada 8 candidatos no pasan la criba. Los conocimientos que se piden son muy amplios, de materias tanto humanísticas como científicas, por lo que no cabe suponer que favorezcan a un sexo. El éxito requiere quedar por encima de muchos competidores.

Los autores son dos profesores de la misma HEC, Evren Örs y Eloïc Peyrache, y otro de la EDHEC Busines School de Lille, Fréderic Palomino. Realizaron la investigación sobre las 5.700 personas que se presentaron a las pruebas de selección en tres convocatorias (2005, 2006 y 2007). Examinaron las notas del bachillerato y en las pruebas mismas de todos los candidatos, y las que quienes lograron entrar obtuvieron en las asignaturas comunes del primer año en la HEC.

El concurso de ingreso en la HEC se compone de un examen escrito y otro oral. Más o menos el 24% de los candidatos con notas más altas en el primero pasan al segundo, y en este se selecciona la mitad de los mejores.

Entre los aspirantes los sexos están prácticamente igualados, con un 49,16% de mujeres. Pero la representación femenina baja ligeramente en la primera criba, al 46,32%, y todavía un poco más en la segunda, al 45,92%. En efecto, los que pasan el examen escrito son el 25,2% de los hombres y el 22,6% de las mujeres; en el oral las proporciones están más cerca: 54% ellos y 53,2% ellas.

La diferencia resultante es estadísticamente significativa, según los autores, e indica que algo ocurre. Pues antes y después del proceso de selección las mujeres superan, aunque por poco, a los hombres, tanto en el bachillerato (media de 2,98 sobre 4, frente a 2,69), como ya dentro de la HEC (el 60% sacan sobresaliente o notable, frente al 58% los hombres).

Los hombres son más extremos

La explicación estadística de las diferencias de rendimiento en las pruebas está en que entre los hombres son más frecuentes los casos extremos, y por eso ellos están más presentes en el extremo superior, el de los seleccionados en la criba. En cambio, las mujeres se concentran más en torno a la media. En efecto, la nota media de los hombres en el examen escrito es solo ligeramente superior a la de las mujeres; pero mientras en los dos cuartiles centrales los sexos están igualados, en el alto la media masculina es superior, y en el bajo, inferior a la femenina.

Pero eso ya no se repite después de la primera criba, muy drástica. En el examen oral y también luego, en el primer curso de la HEC, alumnos y alumnas están repartidos de modo bastante igual en casi todos los grados de calificación.

Los autores concluyen que las diferencias observadas entre hombres y mujeres en el ingreso a la HEC se deben al proceso de selección, no a una desigual distribución de capacidades según el sexo. Esto apoya la hipótesis de que las mujeres responden peor que los hombres en los concursos. Sería difícil, dicen, no usar este sistema en el ámbito de la empresa. Pero en el ingreso a las escuelas como la HEC, que dan acceso a puestos directivos, se podría hacer que pesara más el expediente académico.

Ventajas de las escuelas femeninas

El estudio sobre la HEC no revela la causa de que las mujeres rindan relativamente peor en pruebas competitivas. Algunos investigadores se inclinan por pensar que no es una tendencia innata, sino más bien una influencia cultural.

Esa es la opinión de Uri Gneezy (Universidad de San Diego) y colaboradores, que compararon la sociedad maasai, de Tanzania, que es patriarcal, con la tribu khasi, de la India, que es matriarcal. Según ellos, entre los maasai los hombres son en efecto más competitivos que las mujeres, pero entre los khasi es justo al revés (2).

La misma tesis sostienen Alison Booth y Patrick Nolen (Universidad de Essex), apoyados en un experimento que hicieron con escolares ingleses (3). La muestra estaba compuesta de chicos y chicas de 14-15 años procedentes de ocho escuelas: cuatro mixtas, dos femeninas y dos masculinas. Los distribuyeron aleatoriamente en grupos masculinos, femeninos o mixtos, y les propusieron pruebas en que habían de optar por aceptar riesgos, con posibilidad de mayor ganancia, o asegurar una recompensa pequeña.

Lo interesante es que las chicas se comportaban de manera menos audaz que los chicos cuando competían con ellos, pero en los grupos de solo chicas se mostraban más competitivas. Y las alumnas de escuelas femeninas eran más competitivas en todo caso. Esto concuerda con el hecho, observado repetidamente, de que en colegios de educación diferenciada las alumnas se apartan más de otros estereotipos femeninos: concretamente, optan por las matemáticas y las ciencias en mayor proporción que las coetáneas de colegios mixtos.

Booth y Nolen deducen que la presión social, en forma de las expectativas implícitas sobre la conducta de las mujeres, las incita a ser menos competitivas. Por eso las alumnas de escuelas femeninas, que en clase no tienen necesidad de satisfacer las expectativas de chicos de su edad, son menos susceptibles a esa influencia. Ahora bien, hacer las pruebas en un grupo masculino o provenir de una escuela masculina no tenía tanta repercusión en la competitividad de los chicos del experimento.

Probablemente, como insinúan los propios autores, las diferencias entre los sexos en este aspecto, y en otros, no son solo innatas o solo adquiridas. Naturaleza y cultura deben de influir en distintas medidas, muy difíciles de determinar.

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NOTAS

(1) Örs, E., Palomino, F. y Peyrache, E. 2008. “Performance Gender-Gap: Does Compeittion Matter?”. CEPR Discussion Paper n. 6891, London, Centre for Economic Policy Research. F. Palomino ofrece un resumen en francés del estudio en “La parité homme-femme est elle soluble dans les concours ?”, EDHEC Position Paper, junio 2009.

(2) Citado en Booth, A., “Gender, risk, and competition”: ver infra, nota 3.

(3) Booth, A. y Nolen, P. (2009). “Choosing to Compete: How Different Are Girls and Boys?” CEPR Discussion Paper No. 7214. A. Booth resume las conclusiones de este trabajo en su artículo “Gender, risk, and competition”.

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