El viaje del Papa a Tierra Santa relanza el diálogo con el islam

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Roma. El viaje de Benedicto XVI a Tierra Santa pone de actualidad las relaciones de la Santa Sede con el islam, que se han caracterizado hasta ahora por un ritmo esporádico y que en las últimas décadas han sufrido los efectos del fundamentalismo musulmán, un movimiento de rechazo de occidente y de la modernidad. En los últimos años, sin embargo, la situación ha cambiado.

Se ha convertido ya casi en un tópico decir que el discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona en septiembre de 2006, en el que dijo que la relación con Dios implica la razón y rechaza la violencia, ha dado pie a un nuevo modo de diálogo entre la Santa Sede y el islam, caracterizado por una seriedad hasta ahora desconocida. Por contraste, como se recordará, el discurso fue famoso por la polémica que suscitó en su momento: no faltaron analistas y medios importantes que pronosticaron la muerte del diálogo.

Desde luego, cuando se habla de diálogo hay que recordar que el islam es una realidad compleja, con tres concepciones religiosas principales, unos mil trescientos millones de seguidores y centenares de grupos y sectas. No existe un magisterio doctrinal común: se dialoga con grupos más o menos representativos de tendencias y sensibilidades, pero sin fuerza vinculante.

El hecho es que aquel discurso suscitó, pocos meses después (13 de octubre 2006), una carta-comentario de 38 intelectuales islámicos, y otra segunda carta -el año siguiente- firmada en esta ocasión por 138 intelectuales musulmanes (cfr. Aceprensa 110/07). El Papa respondió el 19 de noviembre de 2007, sugiriendo algunas vías de contacto, que se concretaron un mes después con una carta del cardenal Bertone, secretario de Estado, al príncipe jordano Ghazi bin Muhamammad. De ahí nació el Forum católico-musulmán, la iniciativa más significativa de los últimos tiempos, que celebró su primera reunión en Roma del 4 al 6 de noviembre de 2008 (ver servicio 120/08).

Se puede decir que el Papa basa el diálogo con el islam no en la confrontación sobre temas teológicos o religiosos, sino sobre cuestiones culturales y de civilización, comenzando por el valor central de la persona. El islam y el cristianismo son dos religiones muy distintas: para encontrar una base compartida es preciso, según el Papa, ir a los fundamentos comunes a todas las personas, bases que son accesibles racionalmente. De ahí que los temas que se trataron en el Forum católico-musulmán fuera el respeto por la vida y la dignidad de toda persona, la libertad de conciencia, la igual dignidad entre hombres y mujeres, el rechazo de la discriminación por motivos religiosos, el derecho a practicar la propia religión en público y en privado, la condena de la violencia. Es decir, temas concretos y no especulaciones teológicas (como se solicitó al inicio por parte musulmana), que hubieran llevado a un callejón sin salida.


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