Solzhenitsyn, un alma en el exilio
- JOSÉ MANUEL MAÑÚ
- 2.SEP.2008
Con los datos obtenidos en una entrevista personal y con otras muchas fuentes, Pearce, crítico literario británico, traza la biografía de Solzhenitsyn hasta el momento de publicación del libro, en 2005, tres años antes del fallecimiento del escritor ruso.
Alexander Solzhenitsyn nació en el invierno de 1917, pocos meses después de la revolución comunista en Rusia. Su padre, oficial durante la primera guerra mundial, fallece en fechas muy cercanas al nacimiento de su hijo, por lo que Alexander será criado por su madre viuda. Como fruto de la formación recibida en su escolarización, pierde la fe religiosa y se convierte en un convencido marxista. Se casa muy joven con una compañera de carrera y avanzada la Segunda Guerra Mundial es movilizado. Alcanza el grado de capitán; pero, poco antes de finalizar la guerra, es detenido y condenado a ocho años de cárcel por unos comentarios hechos en sus cartas a un amigo. Su desconcierto es grande y son muchas las penalidades que sufre. Tras deambular de una prisión a otra, a la muerte de Stalin es liberado. Su matrimonio, roto y restablecido, no termina de fraguar.
Pronto tropezará con dificultades, al intentar publicar su primer libro que le hará famoso: el relato de su experiencia personal reflejado en la jornada de un preso en un campo de concentración. Se divorcia de su esposa y se dedica a escribir “Archipiélago Gulag”, su obra más documentada y completa.
No acudió a recibir el Premio Nóbel en 1970, ante el temor fundado de que se le negara el regreso a su país. Tiempo después es expulsado de Rusia y se instala primero en Suiza y luego en Estados Unidos; para entonces se ha casado de nuevo y tiene varios hijos fruto de este matrimonio. Su decepción por el modelo de sociedad que encuentra en Occidente se plasma especialmente en su discurso en 1978 pronunciado en la Universidad de Harvard. Su vuelta, cada vez más acentuada, hacia la religión le va generando problemas y distanciamientos. A la vez, algunos políticos de la nueva Rusia intentan utilizarlo en provecho propio. Cuando regrese a Rusia, muchos habrán olvidado al premio Nóbel de literatura de 1970. Continuó escribiendo y concediendo ocasionales entrevistas.
El libro es amplio, pero, ante la ingente obra del biografiado, los textos citados son fruto de una inevitable selección. Pearce ofrece abundantes datos que se pueden completar con cierta facilidad leyendo parte de su obra y el discurso pronunciado en Harvard. Los hechos narrados por Solzhenitsyn se apoyan en una sólida base documental. Las interpretaciones que hace son discutibles, si bien no deja de ser sorprendente que su crítica al consumismo occidental se haya convertido en una de las razones por las que más ha sido atacado y tachado de retrógrado. En todo caso, es el testimonio de un hombre que ha vivido a fondo una época. Se le ha acusado de un pesimismo de fondo; quizás el desencanto que sufre al llegar a Occidente, le llevó a subrayar lo que consideraba lacras y a no valorar en su justa medida otros aspectos de esa misma sociedad.