Tracey Rowland, teóloga australiana

El carisma del “Papa profesor”

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La Jornada Mundial de la Juventud en Sidney vuelve a plantear una de las paradojas del catolicismo en el mundo actual: una multitud de jóvenes de distintos continentes reunidos en torno a un Papa de 81 años. Para entender por qué Benedicto XVI tiene semejante poder de convocatoria entre los jóvenes, MercatorNet ha entrevistado a la doctora Tracey Rowland, que acaba de publicar Ratzinger’s Faith: The Theology of Pope Benedict XVI (Oxford University Press).

Según el arzobispo de Sydney, Card. George Pell, “constituye un signo de los tiempos y un buen presagio del futuro que un libro tan excelente haya sido escrito por una mujer casada joven” que lleva camino de “convertirse en la principal teóloga de Australia”.

Benedicto XVI tiene 81 años y le falta el carisma de su predecesor Juan Pablo II. Pero se dice que atrae a muchedumbres mayores y que la gente le responde con afecto. En su opinión, ¿a qué se debe esto?

En Roma se dice que los jóvenes iban a ver a Juan Pablo II pero que ahora van a escuchar a Benedicto XVI. Los dos pontífices tienen personalidades indudablemente distintas. Juan Pablo II quiso ser actor antes de ordenarse sacerdote, pero sacerdote es lo único que Benedicto quiso ser siempre. Uno se encontraba muy cómodo en el escenario; el otro se siente más a gusto en la sala de profesores de una universidad; pero ambos, cada uno a su manera, han sido grandes comunicadores.

Benedicto tiene años de experiencia en la enseñanza universitaria y creo que enfoca muchas de sus intervenciones públicas como una clase impartida a un grupo reducido. Trata de ir al encuentro de los fieles en el nivel de ellos y, acto seguido, los conduce a una comprensión más profunda del tema. A menudo lo hace guiando a su auditorio en un recorrido histórico a través de algún debate intelectual. Explica las diversas posturas, vincula las posturas con los pensadores que las defendieron y, a continuación, explica lo que la Iglesia ha enseñado y por qué. Es como un profesor con un grupo de alumnos predilectos.

Respetado por hablar claro

En su discurso de Ratisbona, el Papa habló con tanta franqueza sobre la idea musulmana de Dios que provocó protestas generalizadas. ¿Es éste el Papa idóneo para una época en la que las relaciones interreligiosas son tan frágiles?

El discurso de Ratisbona fue una conferencia universitaria sobre las relaciones entre fe y razón. Su crítica del islam por su falta de conexión con la herencia de los griegos, es decir, con la razón y la filosofía, fue un comentario razonable considerado en el contexto de una ponencia académica, no un titular provocador. El Papa no va por ahí cometiendo pifias.

Es muy respetado por los luteranos, con quienes trabajó en el documento sobre la justificación, y tiene especialísimo interés en mejorar las relaciones con los ortodoxos orientales. A menudo, en sus homilías, se remite a las ideas de algún santo poco conocido de la Iglesia oriental y, al hacerlo, envía el mensaje de que reconoce y valora las aportaciones de la rama oriental del cristianismo. El arzobispo de Canterbury, el doctor Rowan Williams, también le trata como a un respetado colega intelectual. De modo que, a pesar de su comparación de la Iglesia de Inglaterra con un club de debate entre caballeros, no creo que tampoco en este caso haya causado tensiones.

Su postura básica es que no se llega a ningún lado amañando la verdad. Lo mejor es decir con precisión y sin evasivas lo que la Iglesia enseña. La gente le respeta por ello y sabe que si dice algo, lo dice verdaderamente en serio. Sabe que el Papa no les da ni interpretaciones benévolas ni chismorreos.

El cristianismo es un gran “sí”

He visto que la primera encíclica de Benedicto contiene un chiste: no de los mejores, en mi opinión, pero debe de haber sido el primero en la historia del papado. Uno tiene la sensación de que Benedicto quiere presentar el cristianismo como una forma alegre de vida. ¿Cómo lo está haciendo?

Sí, es verdad. Cuando era un joven sacerdote le asombraba encontrar tanta gente que pensaba que el cristianismo se reduce a un conjunto de normas y reglamentos que hay que respetar para evitar la condenación eterna. La palabra que usa para referirse a esto es “moralismo”. A menudo recuerda a la gente que el cristianismo no es primordialmente un sistema ético; es una participación en la vida de la Trinidad y, en especial, un encuentro con la persona de Cristo. Pretende ser enriquecedor y alegre. El Papa no niega la posibilidad de que algunas personas puedan acabar en el infierno, pero cree que resulta más bien neurótico concebir el cristianismo como una póliza de seguro contra la condenación eterna. Considera las diversas prohibiciones contenidas en la enseñanza judía y cristiana meramente como el reverso de un gran “sí”.

Por consiguiente, trata de centrarse en los aspectos positivos, en lo que puede ser una verdadera espiritualidad cristiana. Con frecuencia se refiere a hermosas obras del arte y de la música como epifanías de la gloria de Dios y ejemplos de lo que puede ser creado por los que tienen fe. Desea que la gente se enamore de la belleza, la verdad y la bondad de la Revelación Cristiana, en vez de vivir temerosa de ella. Es como si los defensores del moralismo hubieran confundido a Aslan con la Bruja Blanca. Centrarse en las obras del arte cristiano y la belleza de las vidas de los santos cristianos es el antídoto que nos ofrece contra la mentalidad moralista.

Dictadura del relativismo

"La dictadura del relativismo" es una expresión acuñada por Benedicto XVI que ha sido ampliamente repetida. Pero si uno la analiza, no queda tan clara. El relativismo suena a anarquía, no a tiranía. ¿Qué quiere decir el Papa?

Cuando la gente oye la palabra “relativismo”, a menudo piensa que es sinónimo de “tolerancia”. Piensa que no existe un paradigma dominante de nada y que es bueno que las personas muestren una tendencia al desacuerdo sobre la verdad y crean muchas cosas diferentes. La diversidad cultural contemporánea, y en particular la diversidad de los marcos morales, se considera una virtud postmoderna.

Sin embargo, Benedicto trata de demostrar que cuando el cristianismo es rechazado, las prácticas sociales y las culturas que se fomentan no son teológicamente neutrales. Llevan en su interior una lógica atea. Cuanto más persuasiva resulta esta lógica, tanto más se parece nuestra vida social a una jungla con su principio de la supervivencia de los mejor preparados. En semejantes culturas, los débiles y los pobres sufren sistemáticamente. Adolfo Hitler lo comprendió. Consideraba el cristianismo y el judaísmo como religiones concebidas para proteger a los débiles de los fuertes. Pensaba que eso era malo. Benedicto piensa que es algo verdaderamente grande. Le interesan las relaciones entre la verdad y el amor, y lo que sucede cuando la verdad es sustituida por la ideología y el amor se ve reducido a impulsos emocionales.

Me intriga que Benedicto haya publicado un libro de teología después de haber sido elegido. Esto tampoco debe de tener precedentes. El tema, Jesús de Nazaret, no es uno de los habituales en él, como la liturgia, el relativismo o la disciplina católica. ¿Cuál es su interpretación de todo esto?

Creo que eso también está relacionado con su interés por superar el moralismo y presentar el cristianismo como un encuentro personal con Cristo. Si la gente no tiene alguna idea de quién es Cristo, es harto improbable que llegue a entablar relación con Él. La fuente primordial del conocimiento que tenemos de Él proviene de las escrituras, pero la tendencia de algunos académicos a crear una división entre el Cristo de la fe y el Cristo de la historia ha supuesto un problema.

A menudo la gente sale de los institutos de teología creyendo que no es posible conocer casi nada sobre Cristo después de que se le haya sometido a una deconstrucción haciéndole pasar por diversas lentes hermenéuticas. Cristo viene a ser así como una matrioschka: después de retirar una capa detrás de otra, no queda en el centro nada más que aire. La sección introductoria de Jesús de Nazaret realiza, en consecuencia, varias y valiosas observaciones sobre la hermenéutica bíblica como material preparatorio para presentar al Cristo de las escrituras. Esta obra es también bastante personal. Es la forma que tiene Benedicto de decir: esto es lo que, o más bien quien Él es para mí, y éstos son mis motivos para comprenderle de esta forma.

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Tracey Rowland es decana del Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia de Melbourne. Es Máster en filosofía política por la universidad de Melbourne, doctora por la Escuela de Teología de la Universidad de Cambridge licenciada en Teología por la Pontificia Universidad Laterana de Roma.
Ver entrevista original: Unlikely centre of attraction.


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