La protesta de una minoría impide dar la palabra al Papa

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Las protestas de un pequeño grupo de profesores y estudiantes han llevado a cancelar la prevista visita de Benedicto XVI a la Universidad de La Sapienza de Roma. Pero los que se han opuesto a dar la palabra al Papa se han visto desacreditados como intolerantes por los políticos y la prensa.

El Papa había sido invitado por el rector de la Universidad, Renato Guarini, de acuerdo con las demás autoridades académicas, a pronunciar un discurso al final del acto de inauguración del año académico. Pocos días antes de la visita del Papa, prevista para el 17 de enero, un grupo de sesenta y siete profesores de la Universidad -una pequeña parte de los más de 4.700 docentes de La Sapienza- dirige al Rector una carta expresando su oposición, y alegando que el carácter laico de la enseñanza universitaria es incompatible con la visita del Papa. La mayor parte de los firmantes pertenecen a la facultad de Física. El texto llega a la prensa y se publica en los principales periódicos italianos.

Entre tanto, algunos grupos radicales de estudiantes comienzan a organizar manifestaciones contra la visita del Papa: son una minoría en el conjunto de alumnos (150.000), pero sus pancartas aparecen en los medios y un grupo ocupa el rectorado. El 15 de enero un comunicado de la Sala de prensa vaticana anunciaba que se había postergado el evento.

La mayor parte de los líderes políticos han criticado con dureza las posturas de quienes han provocado la cancelación de la visita. El presidente de la República, Giorgio Napolitano, consideraba “inadmisibles las manifestaciones de intolerancia y los anuncios ofensivos que han creado un clima incompatible con un libre y sereno diálogo”. “Ninguna voz debe ser silenciada en nuestro país, y mucho menos la del Papa”, afirmó el primer ministro, Romano Prodi. “Es una herida que humilla a la universidad y a Italia”, dijo Berlusconi al respecto. “Pierde la cultura liberal”, según Walter Veltroni, líder del Partido Democrático de la Izquierda.

Las tribunas de los diarios se han vuelto también contra el pequeño grupo de profesores. “Laicismo obligatorio” titulaba su artículo en el Corriere della Sera Ernesto Galli della Loggia, criticando las posturas de quienes protestaban contra la visita del Papa: “Existe la idea de que en una democracia que quiera de veras serlo, la religión debe ser excluida de cualquier espacio público; que existen orientaciones culturales e ideales -de entre los cuales los religiosos ocupan un puesto importante- que son radicalmente incompatibles con la sociedad democrática y con su ethos público; y que por tanto en la universidad puede tener cabida exclusivamente aquello que se autodefine como librepensamiento. Idea inquietante esta, que lleva inevitablemente a un obligatorio laicismo de Estado, de pública preferencia social por la irreligiosidad: en definitiva, todo aquello en lo que la auténtica tradición liberal se ha guardado siempre de reconocerse, viendo en ello justamente una más que probable antecámara del despotismo”.

En La Stampa, Gian Enrico Rusconi afirmaba en su artículo titulado “La derrota de los laicos” que con lo ocurrido “es la laicidad como tal la que queda puesta en entredicho porque se muestra incapaz de defender sus propios principios”. Y también desde las páginas de La Repubblica se pedía una profunda reflexión de los planteamientos laicistas. Uno de sus editorialistas, Ezio Mauro, sostenía en su artículo que “hasta ayer, era este un país tolerante, donde la fuerte impronta religiosa, cultural, social y política del catolicismo coexistía con opiniones, prácticas, culturas y creencias diversas (…). Algo se ha roto, dramáticamente, ante la mirada del mundo entero. El Papa ha debido corregir su agenda y cambiar su programa, para no afrontar el rechazo anunciado de la universidad que lo había invitado. El resultado es un cortocircuito cultural y político de impacto mundial, que se puede resumir en pocas palabras: el Papa, que es también obispo de Roma, no puede hablar a la Universidad de su ciudad, en esta Italia mediocre de 2008”.


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