Cosas que perdimos en el fuego

Things We Lost in the Fire

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Director: Susanne Bier

Guión: Allan Loeb. Intérpretes: Halle Berry, Benicio del Toro, David Duchovny, Alison Lohman, Sarah Dubrovsky. 118 min. Jóvenes-adultos. (SD)

La danesa Susanne Bier (Hermanos, Después de la boda) emprende la aventura americana con un guión de Allan Loeb, cuya temática no se aleja de las constantes de su filmografía, donde dominan tipos humanos enfrentados con sus problemas cotidianos, no por duros y difíciles de sobrellevar menos reconocibles.

La narración arranca con un formato deconstruido, que alterna las escenas de la vida familiar de los Burke -el matrimonio de Brian y Audrey, y sus dos niños, Harper y Dory-, más la sólida amistad de Brian con Jerry -un drogadicto que trata de superar su adicción, y que agradece que su amigo de toda la vida mantenga su lealtad-, con las de los preparativos fúnebres motivados por la trágica e inesperada muerte de Brian. El sólido guión, que luego discurre según cánones más clásicos, dibuja bien a los personajes, y presenta de modo convincente el infierno que vive Jerry debido a su vicio, junto a los celos de Audrey por descubrir parcelas en la vida de su esposo a las que tenía más acceso su amigo que ella.

El trabajo de Halle Berry y Benicio del Toro hace casi inevitable el recuerdo de sus respectivos personajes sufrientes en Monster’s Ball y 21 gramos, que supusieron el Oscar para una y otro. Existen, sí, puntos en común. Aunque, claro, las variables de la vida en este “valle de lágrimas” no son tantas: amor, sacrificio, dolor, muerte, esperanza, redención, lucha... A ellas se remite Bier con sensibilidad y sutileza, aunque -exigencias del guión- subraye en exceso una idea, la de saber aceptar lo bueno que hay en los demás y en uno mismo. La directora -herencia del Dogma- trabaja con una nerviosa cámara en mano, metáfora de la fragilidad de la existencia. Y sabe mostrar cierta delicadeza en el dibujo de la vida conyugal, o aludir de refilón a la ayuda divina, esa oración de las reuniones de drogadictos que Jerry evita, aunque lleve una cruz colgada al cuello.


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